José Martí: una vida sin acabamiento

Escrito el 21. nov, 2007. Por , en Académicos

Ponencia presentada en                                                                                                                                 el Congreso                                                                                                                                                                                                                                           “Celebrando a José Martí”

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Debo dar gracias a los organizadores de este memorable evento por invitarme a participar en este congreso “Celebrando a José Martí”, con motivo del 153 aniversario de su nacimiento y gracias a ustedes por acompañarnos…
La vida de José Martí estuvo marcada sistemáticamente por una elocuencia misteriosa al sacrificio.
Y quiero recordar hoy una frase que pronunció la insigne poetisa chilena Gabriela Mistral sobre José Martí, que se me ha grabado en el pensamiento para siempre y que nos va a servir para sustentar la tesis de esta ponencia:
Cito a la Mistral: “la persona y la obra de Martí fue una vida sin acabamiento”…
Y es que ese karma maravilloso por el dolor intenso que padeció Martí durante toda su vida, no ha tenido final.

Unamos esta frase casi ontológica de Gabriela Mistral con una frase íntima de Martí en carta a su madre, una vez fracasado el matrimonio con Carmen Zayas Bazán:
Cito a Martí: “siento que jamás acabarán mis luchas”.
Qué curioso que Martí le confesara a su Madre, con otras palabras, el mismo sentido de la observación de la poetisa chilena, en cuanto a una vida sin acabamiento.
Martí en vida conoció muchas elocuencias, pero en Dos Ríos, conoció la elocuencia misteriosa de morir en una encrucijada amorosa inentendible de valor supremo.
Por esos paradigmas de la historia la elocuencia sacrifical y solitaria de Dos Ríos, también estará presente, como un signo imborrable, en casi todos los actos amorosos de la vida de José Martí.
Y he aquí el tema central de nuestra ponencia.
No voy a hacer una relación puntual de todas los amores que se cruzaron en vida de José Martí. No sería justo con el tema de la conferencia, pues algunos se cruzaron como el mendigo y la flor, circunstancialmente.
Pero por supuesto aparecerán algunos amores muy exponenciales y precisos, parecidos a las arenas de la playa cuando se alborotan al escuchar el canto de la golondrina.
Aunque es cierto que lo amoroso es consustancial en la vida de José Martí, debemos insistir que lo sustancial está en el misterio del acabamiento, que lo acompañó tanto en Dos Ríos, como en su vida afectiva…
La primera mujer en su vida fue su madre, doña Leonor Pérez. A ella dedicó páginas de ternura excepcional, aunque ella siempre estuvo distante de su vocación patria.
Duro quehacer para un hijo que una Madre no entienda sus andares. Desde presidio, ya en 1870, escribe a doña Leonor esta nota confesional:
“mírame madre y por tu amor no llores, si esclavo de mi edad y mis doctrinas tu mártir corazón llené de espinas, piensa madre que nacen entre espinas, flores”.
Ya en  México se produce, tal vez, el amor más apasionado y tormentoso en la vida afectiva de José Martí, cuando conoce a la controversial actriz Rosario de la Peña, una bella y guapa mujer de ojos morenos, mirada gitana y largos cabellos, algo mayor que él en edad, pero atractiva hasta la saciedad y centro de atención y de querer en todos los círculos literarios de México.
Rosario como que representó para Martí el papel de la amante apasionada y la mujer deseada. Su amor de hombre se vuelca en esta mujer plenamente, pero obviamente Martí también tenía otras metas y no obtuvo la consolidación esperada por parte de Rosario:
Cito a Martí: “en ti pensaba y puse un punto en mi vida y quise yo soñar que tu eras mía…..Rosario, despiérteme usted…..esfuércese…..vénzame…..yo necesito encontrar en mi vida una explicación…..un deseo…..un motivo justo…..una disculpa noble en mi vida….de cuantas vi…..nadie más que usted podría…..y hace 4 o 5 días que tengo frío”.
“Vénzame” es una palabra poco usada en la obra epistolar y literaria de José Martí, que explica su necesidad de pasión amorosa y su rendimiento ante la belleza de esta cautivadora mujer
Pero también esta relación, como todas las demás, va a quedar sin acabamiento.
En México conoce Martí a Carmen Zayas Bazán y queda prendado de la belleza de esta linda camagüeyana, de personalidad avasalladora, tiposa, de ojos negros y largos cabellos.
Se inicia un noviazgo entre ambos y  Martí confiesa a su amigo Mercado: “Carmen ejerce en mi espíritu una suave influencia fortificante, no es pasión frenética, a menos que en la calma haya frenesí, pero es como atadura y vertimiento…voy lleno de Carmen que es ir lleno de fuerzas”.
Viaja Martí a Guatemala en 1877 y comienza a impartir clases. Entre sus alumnas hay una guatemalteca inquieta, altiva y bella, María Granados que queda profundamente enamorada de José Martí.
Regresa Martí a México y decide contraer matrimonio con Carmen Zayas Bazán. Ambos viajan a Guatemala y entonces se produce el inesperado fallecimiento de María Granados, “La Niña de Guatemala”.
Y deja Martí su testimonio, casi una confesión indiscreta, al recuerdo de María:
“Quiero a la sombra de un ala contar este cuento en flor, la Niña de Guatemala, la que murió de amor. El volvió, volvió casado, ella se murió de amor, dicen que murió de frío, yo sé que murió de amor”.
Y me detengo en este punto, como un cruce misterioso de destinos, buscando al menos claridad de amanecer:
El amor sensual y tormentoso con Rosario de la Peña. “Vénzame”, le pidió Martí a esta bella mujer.
El amor dulce y tierno, casi infantil con la Niña de Guatemala, a la que sólo, según testimonios creíbles, besó en la frente. “Yo sé que murió de amor”.
Y entre ambos amores el matrimonio con la camagüeyana Carmen Zayas Bazán. Amor suave y sin pasión frenética, pero amor intenso.
En 1878 Martí y Carmen regresan a Cuba. Un año después es detenido Martí por sus actividades revolucionarias y es deportado a España.
Carmen queda decepcionada y frustrada. Su ilusión legítima de un esposo hogareño y tranquilo queda atrás como una quimera inalcanzable.
Para Martí la Patria era su destino existencial primario y el hogar tenía que supeditarse a lo sacrifical.
Viaja Martí a Nueva York y allí conoce a Manuel Mantilla y a su esposa Carmen Miyares, la venezolana, aunque de linaje medio cubano y medio venezolano.
Los Mantilla le abran a Martí las puertas de su casa.
La distancia de su hijo lo inspira y escribe “Ismaelillo”. No le escribe a la princesa madre, sino al hijo: “Para mi príncipe enano se hace una fiesta. Por las mañanas mi pequeñuelo me despertaba con un gran beso”…
En 1982 su esposa con el pequeño hijo viajan al encuentro de Martí en Nueva York. Un nuevo intento de salvar distancias. Pero apenas transcurridos dos años Carmen decide nuevamente la separación y regresa a Cuba.
El Martí de sillón, bata de casa y sandalias de felpa no era posible en una vida sin acabamiento puesta al servicio de la Independencia de su Patria.
Vuelve Martí a casa de los Mantilla, pero en esta ocasión la Carmen Miyares había quedado viuda y vivía con sus hijos, que adoraban a Martí.
Sin lugar a dudas, Carmen Miyares se convierte en el último gran amor de Martí, el cual le brinda una estructura de hogar tranquila y gratificante.
Desde tierra cubana en el año 1895 escribe a María, la hija de Carmen Miyares, su niña adorada:
“OH María, si me vieras por esos caminos contento y pensando en ti con un cariño más suave, queriendo coger pronto estas flores que crecen”.
Y llega Dos Ríos, solitario y evocador.
Mucho se ha discutido sobre al muerte de Martí en Dos Ríos, y mucho se seguirá discutiendo, pero su muerte evocará siempre su encrucijada amorosa más sublime.
Y su obra y sus amores, como dijo con acierto adelantado Gabriela Mistral: “quedan todos sin acabamiento”,  al pie de un misterio sacrifical.
Gracias a todos, el terminar esta obra sin acabamiento de José Martí, justa, amorosa y unificadora, queda para el pueblo de Cuba, del cual somos parte.

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6 Comentarios a “José Martí: una vida sin acabamiento”

  1. Andrés Candelario

    21. nov, 2007

    Alberto: Excelente reflexión sobre la vida sin acabamiento de José Martí. Gracias.

  2. Chicha Cruz

    22. nov, 2007

    Alberto: Ni que decirte tengo como he disfrutado este articulo. Quizas me hayas oido decir muchas veces que mi padre “fue un gran martiano” y como las mananas de los domingos la pasabamos, mi hermano y yo, en su cama leyendo y estudiando a Marti. Yo llegue a saberme de memoria algunos de los discursos (la edad me los han hecho olvidar). Pero, como comprenderas, Marti siempre ha tenido un lugar muy especial en mi corazon. Asi pues, un millon de gracias y sigue escribiendo tan sentidamente. Carinos, Chicha

  3. Alberto Muller

    22. nov, 2007

    Gracias amigos Andrés Candelario y Chicha Cruz:
    Viniendo de la lucidez e inteligencia de ustedes, me estimulan a profundidad vuestros comentarios.
    El acabamiento de la obra de Martí nos pertenece a todos.
    Los quiere
    Alberto

  4. Eduardo Pelaez

    22. nov, 2007

    Formidable el articulo sobre Marti.
    Pancho

  5. Eva Hidalgo

    22. nov, 2007

    Querido Alberto:

    Bellisimo articulo, muy elocuente como sabes hacerlo, permitiendo adentrarnos un tanto en la vida, algo misteriosa, de nuestro Jose Marti.

    Aprendi a quererlo desde muy temprana edad, inculcada por mi querido director del colegio, (Gil Beltran – Colegio La Luz) gran educador al igual que un gran martiano. Siempre el magnetismo de sus escritos y poemas capto y sigue captando mi atencion.

    “Hay sol bueno y mar de espuma, arena fina, y Pilar, quiere salir a estrenar su sombrerito de pluma…..”

    Gracias por compartirlo conmigo.! Un abrazo,

    Eva Hidalgo Bergerac

  6. noelia

    13. ago, 2008

    merci pour la information, especialitement du marie granados

    au revoir!! noelia