La justicia en la dictadura

Escrito el 29. ene, 2004. Por , en Académicos

Trabajo presentado por Alberto Muller en el Congreso Cultural Cubano efectuado en Madrid los días 29 y 3 de enero del 2004

Estimados amigos y testigos de este Congreso Internacional de Cultura cubana, patrocinado por la Sociedad Española “Cuba en Transición”:

Se me ha pedido que trate en mi presentación sobre la justicia en la dictadura, los maltratos y las condenas.

Empecemos pues, sin rodeos, a tratar el tema en cuestión.

Fidel Castro repite como un loro locuaz y amaestrado que, en la Cuba que data desde 1959, nunca se ha torturado a nadie, cuando en realidad la tortura se ha aplicado en la Cuba castrista, de forma persistente y tenaz.

Siempre hay que tener cuidado con la pasión exarcebada que desencadena, cuando se ha sido testigo de excepción y se han padecido abusos denigrantes y tenebrosos, que violan la más elemental norma de la justicia, pisotean la dignidad de la persona humana e intentan escamotear y borrar de la faz de la tierra la validez universal de los derechos humanos.

Pero si de algo vale el testimonio personal por haber sido uno más, entre los tantos, que padecieron las torturas más crueles en las cárceles castristas, les pido perdón por el horror que debo relatar.

La Justicia en la Dictadura, hablamos obviamente de la dictadura de Fidel Castro, pues por la historia andan otras o han andado otras de rango parecido.More…La justicia en Cuba, en cualquiera de las variantes que la queramos analizar, está herida de muerte desde los primeros momentos.En la mente del castrismo no hay nicho para la palabra justicia.

En términos puros…justicia significa que cada uno en la sociedad tenga el precioso derecho de seguir su propio camino…y el de recibir lo que le pertenece dignamente.

E injusticia…significa cuando una parte le roba esos derechos a la otra…así de simple. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido en Cuba, que los derechos de todos han sido secuestrados por el gobierno y el sistema que totalitariza a la isla desde el 1ero. de enero de 1959.

En Cuba, definitivamente algo anda muy mal en términos de justicia, pues las dos terceras parte del pueblo cubano, si se lo permitiesen, abandonaría el país apresuradamente. En el destierro ya vive más del 10 % de la población cubana.

Tengo una cifra reciente muy gráfica, que refleja que unos 400 mil jóvenes se han inscrito en la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana para abandonar el país, si se le acreditara una visa y el gobierno les diera el permiso de salida.

Que está ocurriendo en ese país – CUBA – que la inmensa mayoría de sus ciudadanos quieren huir de él ?La razón que desencadena esta estampida, en ocasiones casi suicidas, debemos decirlo sin dobleces, es que en la Cuba castrista el mal de la injusticia es raigal, absoluto y casi como empozado a la piel del propio sistema comunista:

Veamos, a modo de ejemplo, algunos hechos muy puntuales y punzantes:Si pusiéramos el colimador de la cámara en la prisión de Isla de Pinos, para ver algunas escenas de maltratos inconcebibles, puedo asegurarles que el observador quedaría exhausto moralmente.Si yo les enseñara mi pierna derecha, ustedes verían dos cicatricez de heridas de bayonetas que recibí durante uno de los eventos más sórdidos y criminales del castrismo en sus primeros años, el Trabajo Forzado en la Prisión de Isla de Pinos.

Recuerdo aquel mediodía soleado, que junto a los prisioneros políticos Emilio Rivero Caro y mi hermano Juan Antonio, fuimos introducidos a la fuerza en la zanja de excrementos de la prisión con el pretexto de que teníamos que limpiarla.

Y me pregunto, cómo es que se puede limpiar una zanja de excrementos, en donde están fluyendo los residuos permanentemente ?

Aquello parecía más una escena kafkiana que una escena real de cualquier prisión.Mientras nosotros nos negábamos a limpiar la zanja maldita, los custodias militares nos pegaban a mansalva con sus bayonetas hasta herirnos indiscriminadamente.

Y créanme, este recuerdo de sangre, sol, y golpes, enlodado por los excrementos que corrían y se enredeban a la altura de nuestros tobillos, solo reflejaría una millonésima parte de quienes tuvieron el privilegio inhumano de padecer ese karma intenso de torturas, solamente en este corto período de la Prisión de Isla de Pinos.

Durante este período oscuro y tétrico fue asesinado el joven recluso Ernesto Díaz Madruga de un bayonetazo infernal que le atrevesó el recto y le desbarató todo el aparato intestinal, conjuntamente con el higado.

Además, fueron asesinados por la misma vía de la violencia inusitada, los reclusos Julio Tang, Roberto López Chávez, Eddy Alvarez Molina, Danny Crespo y Paco Pico, entre otros.Con estos ejemplos sólos de torturas bárbaras, bastaría para que un Tribunal de Justicia Internacional enjuiciara a Fidel Castro y a sus acólitos torturadores.

Ahora me vienen a la mente los interrogatorios en las celdas de condenados a muerte en el Castillito del G-2 de Santiago de Cuba, en donde estuve 90 días consecutivos en espera de ser fusilado.No teníamos noción de las horas, pues las celdas eran oscuras sin ninguna iluminación. Sólo la comida maltrecha y el desayuno de agua caliente con azúcar, nos permitía hacer algunos cálculos del tiempo.

Los interrogatorios eran generalmente de madrugada, en una oficina muy fría, a la que para entrar nos obligaban a la fuerza a quitarnos la ropa, con el objetivo de que el frío intenso nos hiciera temblar.Díganme si esto no es una tortura sicológica bien sofisticada.En la noche anterior a que me trasladaran a este centro de terror, en el campamento de Las Mercedes, fuí sacado por un pelotón de seis guardias con sus armas largas a un camino angosto cercano a las barracas de los prisioneros.

El sargento del pelotón me dijo que tenía la orden de fusilarme. Y me ordenó caminar por el trillo que se iba alejando de las barracas del campamento.

Atrás de mi sentía los pasos de los fusileros y los fusiles preparados para disparar.

Recuerdo que en aquel momento me encomendé a Dios…pensé con intensidad en mis padres…en mi hermano…en mis compañeros de luchas…en mi familia…miré al cielo…las estrellas eran en esa noche clara mis únicos acompañantes…

También recé una oración muy simple, que me ayudó a aliviar esa lógica angustia de morir joven, Dios mío esto es lo que valgo y todo lo he tratado de hacer a tu mayor gloria, me encomiendo a tu amor misericordioso…ayúdame…y perdónalos…No niego que sentí miedo a morir…pero por otra parte…esperé la muerte con alegría…con hombría de bien…pues me reconfortaba la idea de reunirme con mis compañeros mártires, ya asesinados en fecha anterior.Este trance de esperar la muerte habría durado unos 20 minutos. En dos ocasiones me mandaron a no seguir caminando. Y el sargento volvía a repetir que inmediatamente sería ejecutado.Enseguida pensaba nuevamente que sería el momento de las descargas y del adiós definitivo.Fue una espera tensa, de mucha intensidad emocional. Esperar la muerte, segundo a segundo, no es un trance fácil de asimilar ni de olvidar.Se nos va la vida solamente recordándolo.Al final me mandaron a detener. Y se acercaron tres de los fusileros y sentí que me amarraban fuertemente las manos atrás en la espalda con una soga gruesa.

Fuí entonces metido bruscamente en un vehículo militar y trasladado al Castillito, del cual ya he hecho referencia. Me pregunto, puede existir una tortura sicológica peor ? Guardo en mi memoria, como un recuerdo imborrable de soledad, de amor, y de humildad humana esta experiencia del fusilamiento en simulacro.Al menos, pude demostrarles lo que es un hombre con fe y con entereza.

Pero espérense, que faltan horrores peores…pues esto se cuenta y cuesta trabajo creerlo. Bien podría calificarse este hecho que paso a relatarles, como una de las torturas colectivas más despreciables de la historia de la humanidad.

Los cuatro edificios de la prisión de Isla de Pinos fueron dinamitados cada uno con más de 7 mil libras de TNT. Las paredes subterráneas de los cimientos o de los túneles de cada edificio fueron perforadas en forma triangular, es decir con un sistema de demolición técnicamente implacable, para instalar el TNT.

En la torre central de cada edificio se instalaron mil libras de TNT con el objetivo de que cada torre se convirtiera en una poderosa granada de fragmentación de cuatro pisos de altura, que era la altura de la torre.El equipo militar que hizo toda la instalación fue el Cuerpo de Ingenieros del Ejército Rebelde.

Esta tortura colectiva se puso en práctica en el verano de 1962 y así estuvieron los cuatro edificios por más de un año dinamitados.Y dando un salto, pues la lista de los horrores sería para no acabar y el tiempo nos impide cubrir todo el horror, permítanme señalar al vuelo las torturas inconcebibles de las celdas tapiadas, de las golpeaduras indiscriminadas a los reclusos, de los largos confinamientos en las celdas solitarias de castigo, de los electro-shocks a los prisioneros sin ninguna enfermedad mental en el Hospital de Mazorra, etc., etc., pues queremos de ex-profeso pasar a la etapa más reciente.

La detención el año pasado y la condena posterior a los 75 cubanos disidentes, poetas y periodistas independientes, que provocó la repulsa de intelectuales de la talla de José Saramago, Premio Nobel de Literatura, de Eduardo Galeano, de Carlos Fuentes y de Susan Suntag, entre otros.

Entre estos hombres y mujeres estaba Raúl Rivero y Manuel Vazquez Portal, dos poetas de reconocimiento internacional. Sencillamente dos poetas, condenados por escribir versos libres. Ese fue realmente el delito.

Pero también estaba Martha Beatriz Roque, una mujer profesional, frágil de salud, cuyo único delito fue plantear que todos los cubanos se reunan para discutir pacíficamente el futuro de la nación.

Y casi la mayoría del resto, con algunas excepciones muy honrosas, eran los promotores del Proyecto Varela, que recoge firmas, de acuerdo a la constitución vigente en Cuba, para llamar a un referendum soberano, en donde todos los cubanos puedan expresar sus opiniones de futuro.

En ninguno de los expedientes fiscales se encuentran referencias a la violencia. Todos los condenados habían actuado dentro del espíritu pacifista, a lo Ghandi.

Después de ser condenados a largas condenas, casi en forma maquiavélica, todos han sido enviados a cárceles distante de su familia. Como para separarlos de sus seres más queridos y hacer más hondo el sufrimiento.

El común denominador de la justicia en la dictadura castrista ha sido aplastar todos los derechos del ciudadano para la supremacía y la estabilidad del poder castrista.¡ Investíguese la historia cubana del castrismo y se comprobará que en muy pocas naciones de nuestro hemisferio americano, los pueblos han tenido que pagar un precio tan alto en vidas y sacrificios, como el que ha padecido y padece nuestro pueblo cubano

!Llegará el día, no tengo la menor duda, que un tribunal a lo Nuremberg, juzgará las torturas y los crímenes del castrismo, porque durante el totalitarismo comunista cubano, la justicia ha sido un papel estrujado en la mano asesina de Fidel Castro. Gracias…

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