El crimen de Osmany Cienfuegos
Escrito el 07. nov, 2006. Por Alberto Müller, en Cuba
(publicado por Diario Las Américas)
Cuba se debate entre la enfermedad terminal de Fidel Castro, la corrupción que invade todos los niveles de su aparato administrativo, la casi endémica ineficiencia productiva del centralismo económico, una epidemia de dengue que ha afectado a más del 10 % de la población infantil y la represión sistemática del autoritarismo comunista, que colocan al país en un estado de incertidumbres, de zozobras, de violaciones de derechos humanos y de miserias materiales, que prácticamente lo hacen ingobernable dentro de los parámetros de la civilidad y la decencia.
En medio de este escenario patético, un evento directamente relacionado con la violación de los derechos humanos en Cuba, ha sido presentado en las cortes españoles, que consideran tener jurisdicción retroactiva por los abusos y crímenes de los derechos humanos en todo el mundo.
El camión-rastra forrado con planchas de aluminio y bajo una temperatura ambiente exterior por encima de los 80 grados Fahrenheit, ese día, demoró ocho horas en llegar desde Playa Girón a La Habana, convirtiendo el viaje en una travesía tenebrosa, provocada por el hacinamiento, la oscuridad y la asfixia natural que iba provocando un estado de desesperación humana, en algunos, y de agonía inconsciente, en otros:
Si se mueren ahí dentro, está bien, así ahorramos balas en el fusilamiento, fueron las palabras del comandante Osmany Cienfuegos cuando ordenó, hace 45 años, introducir en una rastra herméticamente cerrada a más de 100 combatientes de la Brigada 2506 en Playa Girón.
Durante el trayecto, la evaporación de los cuerpos de los prisioneros produjo una especie de llovizna de sudor que caía del techo de la rastra, que unido a los orines y a algunos excrementos, se combinaba en un hedor punzante cargado de acidez precaria y putrefacta. Algunos de los brigadistas arañaban el piso y las paredes con las hebillas de sus cintos y hasta con las uñas en busca de abrir una soplo de aire puro para salvarse del ahogo incesante.
Pero mucho peor que esas miserias humanas que puedan haber relatado “La Metamorfosis” de Kafka o “La Peste” de Camus, la rastra se fue convirtiendo en un cementerio móvil de ruedas asesinas y estertores de agonía.
Para cualquier espectador distante no acostumbrado a la barbarie comunista, tal vez este relato no sea creíble con facilidad. Pero sin embargo, hay que decir que el relato de la rastra de Osmany Cienfuegos, que algunos brigadistas acertadamente llaman “La Rastra de la Muerte”, tiene la verdad empozada en la agonía de esos hombres que murieron con el coraje de los héroes y del profundo dolor de los que quedaron con vida para ser testigos de excepción de esa masacre vergonzosa y abusiva.
Como resultado, al llegar la rastra a su destino en la capital cubana, habían fallecido nueve de los brigadistas. Sus nombres están muy vivos en la memoria de todos los prisioneros de la Brigada 2506 y de todo cubano u observador que haya conocida este relato infernal de un crimen tan despreciable y poco común.
Los nombres honrosos de estos brigadistas asesinados son: Alfredo “Cuco” Cervantes, José D. Vilarello, José S. Millán Velasco, Hermilio B. Quintana, José Ignacio Macia, Santos Ramos Álvarez, Pedro Rojas Mir, René Silva Soublete y Moisés Santana González.
Los directivos de la Brigada 2506 han decidido formular cargos en España contra Osmany Cienfuegos. Para esos fines, se ha contratado un abogado experimentado en Madrid que presentará ante las cortes este escalofriante asesinato, cometido el 22 de abril de 1961.
En medio de esta denuncia, que obviamente no debe agradar al gobierno comunista cubano en su intento ilusorio por una sucesión tranquila y sin exabruptos, mientras Fidel Castro se debate entre la vida cada día más frágil y la muerte biológica cada día más cercana, el proceso en las cortes españoles abre una página de denuncia ante el mundo con consecuencias imprevisibles de deterioro para la imagen política de la pentarquía liderada por Raúl Castro y por ende de Osmany Cienfuegos, uno de sus más oscuros lugartenientes con grados de comandante.
La transición obligada hacia la democracia en Cuba, que conlleva lógicamente un proceso de reconciliación nacional entre todos los cubanos, no podrá borrar con facilidad de su memoria histórica, crímenes tan repugnantes como el de Osmany Cienfuegos en la Rastra de la Muerte y como el hundimiento salvaje del Remolcador 13 de marzo.
En virtud de que los crímenes son para ser denunciados, pues no hacerlo implicaría un silencio cómplice, aquí queda a la luz de la opinión pública el de Osmany Cienfuegos, para que la justicia en su momento oportuno, tenga a la mano los elementos acusatorios.
Confiemos en la lucidez moral de las cortes españolas para investigar y condenar este hecho tan execrable. Cuba merece un futuro de justicia, paz, reconciliación, libertad y un nivel de vida más decoroso para cada cubano.



XeetX2
11. abr, 2008
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