El Fidel de Adriana
Escrito el 08. feb, 2005. Por Alberto Müller, en Cuba
(publicado por Diario Las Américas)

A la interpretación documentalista de Adriana Bosch sobre Fidel Castro, que fue presentada por PBS <el canal de TV público> le faltaron algunas pinceladas que hubiesen hecho del pietaje cinematográfico, una obra historiográfica maestra por su realismo veraz. Pero no fue así.
Sin embargo, hay que decir que el trabajo fílmico fue encomiable técnicamente, a pesar de algunos faltantes temáticos que, son los que han levantado una ola de rechazo, en algunos, en cierto sentido justificados.
El documental tuvo una genialidad cinematográfica, digna de ser elogiada, en cuanto a presentar al pueblo cubano alegre y nutrido en 1959 <al triunfo de la Revolución> y triste, desarraigado y famélico en la actualidad <después de 45 años de persecución y desastre comunista>.
Pero por otra parte, la cámara de Adriana nos mostró a un Fidel desbordante de idealismo en la primera mitad del documental, que nos hizo recordar a aquella famosa portada de Bohemia <a principios de 1959> que lo mostraba con un parecido mágico con Jesucristo.
Se han develado demasiados crímenes en la primera década del castrismo <1959-1970> para seguir mostrando esa imagen distorsionada de amabilidad y bondad manifiesta que Fidel Castro nunca tuvo.
Ya Adriana Bosch debería saber que, si bien es cierto que Fidel Castro arrastraba multitudes en 1959 y hasta unos años después por el magnetismo del triunfo revolucionario, en sus entrañas más íntimas, se incubaba el gansterismo de su juventud universitaria, la mentira más fríamente calculada por haber prometido una revolución democrática e instaurada una de corte staliniano y ansias desgarradoras y esquizofrénicas por el poder absoluto.
Me parece una omisión lamentable que en la primera parte del documental sobre Fidel Castro no aparecieran: el suicidio del comandante Félix Pena por el juicio de los aviadores absueltos; el criminal Plan de Trabajo Forzado en la prisión de Isla de Pinos, que dejó un saldo de decenas de reclusos vilmente asesinados y mal heridos; la dinamitación de esa misma prisión para aniquilar de una fatídica explosión de TNT a todos los reclusos del penal; los fusilamientos de los estudiantes universitarios Virgilio Campanería, Alberto Tapia Ruano, Julio Antonio Yebra y Porfirio Ramirez, por citar sólo unos pocos; el fusilamiento del comandante ministro Humberto Sorí Marín; del director del Ministerio de Agricultura, Rogelio González Corzo, alias “Francisco”; de los conocidos dirigentes Eufemio Fernández, Ñongo Puig y del asesinato sucio y cobarde de Pedro Luis Boitel, mientras realizaba una huelga de hambre.
No continuamos con la lista de crímenes porque sería interminable, pero la misma pone en evidencia que, no se puede hacer la historia inicial de la revolución ni de Fidel Castro, sino relatamos con transparencia y objetividad su inclinación por el crimen más abyecto, al mejor estilo de José Stalin en la Unión Soviética.
El Fidel Castro que amenazó a su madre Lina Ruz con quemar la casa si no lo trasladaban de colegio, era un monstruo de pecho, al lado del monstruo real que se omite en partes del documental.
Es acertada la opinión crítica de Helen Aguirre, cuando dijo que el documental de Adriana Bosch “había captado la incongruencia de los hechos históricos que han mantenido a Fidel Castro en el poder por más de 46 años.”.
Pero pensamos que cualquier documental historiográfico sobre Fidel Castro, debe urgar con hondura de miras, los hechos que provocaron esas incongruencias y no puede apartarse de la afición represiva del personaje por fusilar, maltratar adversarios y sepultar la libertad de prensa y expresión, desde los mismos inicios del proceso revolucionario.
En la segunda parte del documental de Adriana pasó un poco de lo mismo, aunque hay que destacar que el lente fue preciso en captar la tristeza y el grito quejumbroso de un país derrumbándose y de un pueblo sufriendo carencias alimenticias.
¿Cómo se puede pasar por alto en la vida de Fidel Castro, el hundimiento del remolcador 13 de Marzo, en donde murieron más de 20 niños, el derribamiento de las avionetas indefensas de Hermanos al Rescate y la matanza pública en el pueblo de Cánimar ?
Todos estos hecho deleznables, de los cuales sólo hemos mencionado algunos, el lente de Adriana Bosch los pasó por alto.
Sé que Adriana ha argumentado falta de tiempo para acallar estas críticas. Pero el argumento nos parece débil. Ella pudo sacrificar un poco del tiempo usado inicialmente en la idealización de Fidel Castro, al cual le dio varias vueltas con su lente, hecho que había que mostrar obviamente, pero balanceándolo con la visión real del mentiroso y del asesino.
Pocos dudan del esfuerzo alfabetizador y del incremento de la atención médica durante los inicios del proceso revolucionario cubano de 1959.
Pero también habría que añadir que la revolución de Fidel Castro enseñó a leer, para inmediatamente censurar al que hablara y leyera libremente.
Y si bien es cierto que ofreció cuidados médicos a la población, también habría que decir que montó un esquema social de salud pública discriminativo e ineficiente, jamás visto en Cuba.
O es que acaso Adriana desconoce que al final los bibliotecarios independientes terminaron encarcelados por distribuir libros sin censura y que las clínicas especiales para atender a los funcionarios de Fidel o a los extranjeros son exclusivas y lujosas, mientras que los hospitales públicos son un engendro impropio de carencias y faltantes ? Triste paradoja del proceso castrista.
Igual que resulta imposibe presentar cinematográficamente el rostro real de Adolfo Hitler, pasando por alto el genocidio en los campos de concentración de Auschwitz, cualquier trabajo cinematográfico sobre Fidel Castro, no puede obviar sus crímenes repulsivos.
Para hacer historia, ya sea escrita o cinematrogáfica, se requiere técnica, tiempo y conocimiento de los hechos. Tal vez a Adriana Bosch le faltó un poco de los último para completar su trabajo en forma magistral.


