Las flores que quería Martí

Escrito el 05. feb, 2007. Por , en Cuba

(publicado por Diario Las Américas) 

http://www.juanperez.com/cuba/vistas/apostol.jpgLos aldabonazos de alerta pasan a la historia con un eco de transparencia y perdurabilidad que se hacen difíciles de silenciar.
Por eso en medio de la crisis que padece Cuba, inmersa en carencias de viviendas, de electricidad, de vergüenza pública, por una parte, y de excesos de corrupción y de autoritarismo por la otra cara del rostro oficial, es bueno recordar riesgos de generosidad.
Hoy se cumplen 47 años de la manifestación estudiantil en el Parque Central de La Habana, ante la estatua de José Martí, como protesta por la visita a Cuba del entonces Vice-Primer Ministro soviético, Anastas Mikoyan.
Aquel gesto de jóvenes universitarios que habían luchado por una revolución que restableciera el estado de derecho y las libertades en Cuba, se convertiría en la primera protesta callejera para alertar a la población del desvío de la revolución cubana hacia el totalitarismo marxista. 
Los cientos de estudiantes que se reunieron aquel  mediodía de 1960 en el Parque Central de La Habana, entre los que se encontraban sus dirigentes Juan Manuel Salvat, Joaquín Pérez Rodríguez, Antonio García Crews, Luis Fernández Rocha, Jesús Permuy, Ernesto Fernández Travieso, Isabel Alonso, Julia Díaz, Rafael Orizondo, Teresita Baldor, Ady Pino de Viera y Fernando Trespalacios, entre otros, portaban carteles que decían: ”revolución sí, comunismo no”.
No debemos eludir en el relato de los hechos, que cuando aquellos jóvenes universitarios llegaron al Parque Central llevando su corona de flores simbolizando una bandera cubana, se encontraron que minutos antes, Anastas Mikoyan había depositado una corona ofensiva y degradante con los signos de la hoz y el martillo de la Unión Soviética.
Las fuerzas policíacas que custodiaban el Parque Central y el cercano Palacio de Bellas Artes, donde se encontraban Fidel Castro con el visitante “non grato”, al percatarse de las presencia de los estudiantes universitarios, comenzaron a disparar en un intento desesperado por dispersar a los manifestantes.
La riña que se produjo entre los estudiantes y las fuerzas de seguridad que custodiaban la corona soviética, provocó que ambas coronas se destruyeran.
¡Triste paradoja que las fuerzas del orden castrista destruyeran e impidieran que una bandera cubana convertida en corona de flores fuese depositada a los pies del Apóstol de la Independencia cubana!
Por esa razón el Diario de la Marina al día siguiente del altercado por la protesta en el Parque Central, publicó un editorial bajo la autoría de José Ignacio Rivero expresando: “Las flores que quería José Martí la llevaban los estudiantes“.
También toda la prensa cubana y parte de la prensa internacional se hizo eco de la protesta desde sus cintillos de primera plana.
Ha transcurrido más de un ciclo generacional del hecho que hoy comentamos. Definitivamente la decisión de aquellos jóvenes universitarios de dejar sentada una protesta pública por la visita a Cuba de Anastas Mikoyan, el asesino que ordenó el aplastamiento del levantamiento libertario húngaro en Budapest en 1956, fue un aldabonazo pleno de coraje.
Juan Manuel Salvat, uno de los organizadores principales de la protesta dijo en una ocasión: “después del Parque Central supe que el régimen iba hacia el totalitarismo comunista, por lo que había que combatirlo”.
Hoy resulta fácil el recordatorio, pero lo meritorio de esos jóvenes y de esa generación intermedia, fue su visión adelantada a los tiempos que se cernían como una sombra trágica sobre Cuba.
El futuro de la nación cubana recaerá de forma inevitable en las manos de las nuevas generaciones que crecen en suelo cubano, pero la manifestación estudiantil de protesta en el Parque Central de La Habana será siempre un aldabonazo de alerta y transparencia para aprender que la comunidad siempre debe tener bajo observación crítica a todos los excesos del poder político.
“Las flores que quería Martí” quedan en la memoria histórica como una advertencia aguda e inteligente ante una crisis, que aún está pendiente de ser resuelta.

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