Adiós a Rafael Alberdi: el poeta del mar

Escrito el 07. sep, 1999. Por , en Culturales

(publicado por Diario Las Américas)

http://www.oei.org.co/nuevo%20sii/entrega27/fotoart05.jpgADIOS a uno de los grandes de la poesía…
“Si ganamos…la llevaré a que mire los naranjos…a que toque el mar, que nunca ha visto, y se llene el corazón de barcos”…
El poeta volvió a su mar, a su entrañable mar, al mar de sus sueños, al mar de su infancia, al mar de sus amores,  al mar de sus aguas cálidas, al mar de su refugio, al mar eterno de tantas confesiones íntimas…
Muere Rafael Alberti con 97 años, pero siendo adolescente escribió su poemario “MARINERO EN TIERRA” por el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura en España. Fue en estos versos juveniles en donde plasmó su juramento de fidelidad con las aguas azules de su mar:
“Cuánto tiempo me queda, oh mar, para mirarte…cuántas mañana para verte…cuántas noches para soñarte…cuántos dolores para no tenerte…Dímelo, si lo sabes dímelo”.

En las aguas de la bahía de Cádiz , por deseos propios, han sido esparcidas las cenizas de Rafael Alberti, poeta, pintor, escritor de teatro y autor de romances.
Con Alberti muere el último eslabón poderoso de los inolvidables y grandes actores de la generación literaria del 27 en España. No le gustaba hablar de la muerte. Hubiese querido vivir cien años. Soñaba desesperadamente ser testigo del nuevo siglo. Profesaba ideas marxistas, pero nunca escribió una sola frase siguiendo órdenes políticas. Vivió toda su vida con el mar empozado en cada rincón de su cuerpo y de su psiquis. Durante su prolongado exilio de 40 años producto de la guerra civil española, escribió aquel inolvidable ”Poemario  del Destierro y la Espera”:

“Cuando el trigal se duele…amigo, amigo…se duele todo el trigo…Si se duele una ola…son todas las que rompen a llorar”…

La poesía fue para Alberti desde muy joven su  expresión por excelencia, su pasión y su refugio. En sus versos volcó su amor al terruño, la nostalgia del destierro prolongado, el recuerdo ineludible, el dolor humano, el amor íntimo. En la magia preciosa de su quehacer poético fue capaz de rasgar ternuras, de perdonar ofensas, de mostrar cada trozo de cal empapelada y de sembrar jazmines en cada llovizna entretejida de soledad.
Confieso que guardo con devoción entre mis libros preferidos una edición pequeña de Espasa Calpe de los “Poemas del Destierro y la Espera” de este gigante de la poesía que acaba de fallecer y que me ha acompañado en muchos de mis viajes de desterrado, en donde aprovecho para sumergirme o escaparme por los senderos maravillosos de la poesía.
Cuando Alberti regresó a España en el año 1977 después de su desgarrante y prolongado destierro, como todos los destierros, no importa con el color que pintemos la esperanza, pues todos tienen similitudes pasmosas de nostalgia y dolor, declaró con humildad digna que su alma estaba henchida de sentimientos de reconciliación y de perdón por lo sufrido para todos los españoles: “ME FUI CON EL PUÑO CERRADO Y REGRESO CON LA MANOS ABIERTAS”.
Adiós, maestro amoroso del mar, de la melancolía y de la espera.
Qué Dios con el cual nunca tuviste una fe de relación viva, te acoja en su seno de infinita misericordia, para siempre.

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