La Montaña Mágica

Escrito el 22. ago, 2005. Por , en Culturales

(publicado por Diario Las Américas)

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Por muchos años he grabado en el recuerdo una frase, que no comparto pero que respeto profundamente, de la novela “La Montaña Mágica”, tal vez uno de los documentos novelísticos más importante del siglo XX, del escritor Thomas Mann, cuando el personaje principal Hans Castorp se convencía, como una aceptación pesimista en la vida, de que la debilidad de la carne y el profundo dolor humano que padecen algunos, nos inclina a que es “preciso que los ojos se vayan acostumbrando a la oscuridad.”
Hitler y el nazismo, como representantes de la oscuridad política más tenebrosa del siglo XX, persiguieron a Thomas Mann de la misma forma que lo hubiesen perseguido Fidel Castro, Kim Il Sum o Augusto Pinochet, porque por una razón idiosincrática muy básica, las dictaduras y los sistemas de fuerza no soportan a los escritores libres de mente e independientes de espíritu.
Alemania y el mundo literario universal acaban de celebrar el 50 Aniversario de la muerte de Thomas Mann, según algunos, “el escritor más alemán de todos los tiempos”.
En la memoria histórica de la literatura universal se destaca la curiosidad de que el laureado escritor alemán se haya inspirado en la dramaturgia musical y poética de Richard Wagner, autor de “Parsifal” y “El anillo de los Nibelungos”, obras musicales que marcan una influencia decisiva en la profunda narrativa humana y sicológica del autor de La Montaña Mágica.
Thomas Mann consideraba la música como el arte por excelencia y por eso llegó a afirmar que la narrativa era como una especie de sinfonía novelada. 
De padre alemán y madre brasileña, algunos de sus biógrafos nos dicen que de su padre obtuvo Thomas Mann la seriedad dramática de la vida y de su madre la inclinación por el arte y el gusto por las fantasías.
Thomas Mann recibe el Premio Nobel de Literatura en 1929 por su novela “Los Buddenbrook” escrita en el año 1901, que describe con marcada tristeza la decadencia del grupo mercantil de su padre y el declive de la burguesía hanseática.
Sin embargo, en su novela cumbre, “La Montaña Mágica”, que escribiría unos años después y que se desarrolla en un sanatorio de los Alpes italianos, Thomas Mann sienta cátedra de humanista cuando profetiza que la vida en un sanatorio era una especie de fiebre de la materia o un dulce y doloroso vaivén sobre las propias limitaciones del ser humano.
Esta novela que terminó siendo considerada como una de las mejores narraciones del siglo XX, tiene un incidencia muy personal en la propia vida del autor, pues su esposa estuvo ingresada en el mismo sanatorio por una afección pulmonar.
Toda la obra narrativa de Thomas Mann tiene una vinculación muy estrecha con Alemania, su país natal, y todos los críticos coinciden que toda su obra está perfectamente dividida en dos etapas: antes y después de “La Montaña Mágica”.
A  pesar de que “La Montaña Mágica, su obra más celebrada se publicó cinco años antes de recibir el Premio Nobel de Literatura en 1929, la argumentación para concederle el premio se centró en la obra de “Los Buddenbrook”.
Además de las dos novelas señaladas, entre las obras principales de Thomas Mann se destacan “Muerte en Venecia”, “Tonio Kruger” y “Doctor Fausto” 
El mundo literario celebra emocionado en estos días el 50 Aniversario de la muerte de Thomas Mann, uno de los novelistas más destacados del siglo XX.
Lastimoso que en 1936 la vida de Thomas Mann haya sido herida moralmente de por vida, al tener que abandonar Alemania debido a la persecución opresiva del régimen nazista de Adolfo Hitler.
De haber vivido en Cuba, Thomas Mann hubiese corrido la misma suerte con el régimen dictatorial de Fidel Castro, que ha perseguido, desterrado y encarcelado injustamente a escritores de la talla de Heberto Padilla, Guillermo Cabrera Infante, Zoe Valdés, Reinaldo Arenas y Raúl Rivero, por mencionar sólo a algunos.
Honremos con humildad la memoria imperecedera de Thomas Mann y de su Montaña Mágica, porque del dolor humano o “fiesta mundial de la muerte”, provocada en un sanatorio o en cualquier régimen dictatorial opresivo, se “elevará siempre el amor imperecedero algún día”.

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