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La poesía en la nación cubana

Alberto Müller | 17 Noviembre 2004 – 21:21 pm | Culturales

(publicado por Diario Las Américas)

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Si hubiese que sugerir una vía para humanizar la política, esta debería ser la poesía. Decía un gran escritor e intelectual africano que a los políticos debía exigírseles que fuesen poetas, como un método para garantizar sensibilidad ante los problemas humanos cotidianos.
Nadie duda que la cubanía es un ser cultural ineludible. Y fueron los poetas, según la versión honda y acertada del investigador Jorge Castellanos en su libro INVENCION POETICA DE  LA NACION CUBANA, quienes “con más fuerza que nadie desempeñaron un rol de liderazgo en la estructuración de la cubanidad”.
Los primeros poetas de la isla en el siglo XVI descubren la naturaleza, con el color vivo de sus flores, el perfume típico de la tierra y el sabor maravilloso y espléndido de los frutos.
Y este fue sin lugar a dudas, el primer paso natural y espontáneo, hacia el ser cubano:
“la gratísima guayaba – el marañón fragante -  la airosa piña de esplendor vestida – el cedro erguido – de las palmas y las ceibas – la flor, el ave y el río ”.
Fueron estos caminos de la naturaleza los que conducen durante el siglo XVIII a madurar la importancia de la separación de Cuba de la metrópoli española. Comienza la gestación de la Patria.
José María Heredia sería el poeta más connotado y el que calara más hondo en esta nueva etapa cuyo objetivo era el separatismo de España.
“Cuba al fin te verás libre y pura como el aire de luz que respiras…”
También la poesía popular y campesina de Plácido reflejaría la expresión más lírica del alma cubana, ya durante el transitar de esta etapa independentista.
“ Sed de inmensa bondad, Dios poderoso, A vos acudo en mi dolor vehemente…”
Y damos, por problemas de espacio periodístico, el gran salto a la poesía intimista de José Martí, sin dejar de señalar los méritos poéticos de cubanía de Delmonte, Milanés, La Avellaneda, Zenea y Julián del Casal,  entre otros.
“Yo soy un hombre sincero de donde crece la palma… y antes de morirme quiero…echar mis versos del alma…”
Y llega la República con la premonición de Bonifacio Byrne:
“al volver de distante ribera…con el alma enlutada y sombría…afanoso busqué mi bandera…y otra he visto en lugar de la mía…”
La cubanidad busca entonces con entereza la modernización y surge entonces la poesía casi de vanguardia de Agustín Acosta:
“ Gallarda, hermosa, triunfal, tras de múltiples afrentas, de la Patria representas, el romántico ideal…”
Después don Eugenio Florit, ese inmenso baluarte de la cubanidad hecha poesía, hace de la décima un himno para rescatar los valores autóctonos:
“ Dulce María a su misa…de domingo va cantando…y el sol la sigue besando…a la mitad con la brisa…”
Acto seguido en el impreciso deambular republicano la poesía negrista ineludible de Guillén se asoma:
“camina negra camina…que hay que tené boluntá…”
Y por la misma época, Emilio Ballagas, tal vez el más grande entre todos los poetas de la República:
“Cuba, lengua caliente, estremecida dentro de ti misma, ondulante de arroyos, lujuriosa de árboles, ceñida de sol viva…”
Definitivamente no hay nación sin poesía. Por eso mi más entusiasta recomendación al amigo lector para que no se pierda de leer y manosear este libro estupendo sobre la “Invención Poética de la Nación Cubana” de Jorge Castellanos..
Una forma de entender sin cortapisas que a Cuba le falta poesía y libertad, en ese proceso de reinvención de la nación adolorida que atañe a todos los cubanos, sin excepción…

 

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