Los hijos del comandante

Escrito el 11. feb, 2008. Por , en Culturales

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La novela “Los Hijos del Comandante” de Rubén Geller llegó este fin de semana a Miami para mostrar todo el desastre del sistema comunista que ha imperado en Cuba sembrando desencantos y desesperación dentro del  pueblo cubano.
El argumento de la novela se inspira en la desolación material que produjo en Cuba el derrumbe de la Unión Soviética. Algunos críticos han dicho que es una novela surrealista y otros la califican como una excelente sátira costumbrista del oscurantismo comunista en la isla.
Pero yo me atrevería a añadir que “Los hijos del comandante” es un estupendo arrebato de locura de principio a fin, que paradógicamente nos muestra a todo un aparato de gobierno rendido ante los desatinos de un caudillo voraz, que ha gobernado a espaldas de las necesidades materiales y morales del pueblo cubano.
Soy de los que considero que todo novelista irremediablemente tiene que ser un poco esquizofrénico. Por supuesto, hablo de una esquizofrenia moderada y bajo control, así que no se asusten los moralistas de la mente.
El novelista entra voluntario al manicomio y su recurso maravilloso es que es un adicto a las manías y a las obsesiones, como aquel personaje inolvidable de “Un hombre mirando al sudeste”. Y esto lo diferencia fundamentalmente del loco de remate, que casi siempre entra amarrado u obligado al manicomio.
Parece un perogrullada, pero un narrador para ser novelista tiene que asumir el papel de niño, de mujer, de hombre cruel, de limosnero, de prostituta, de tuberculoso, de paracaidista, de confesor y hasta de Robin Hood.  No hay límites en la asunción esquizofrénica del novelista.
Pero no se asombren, desde la antigüedad, desde los libros de caballería, desde El Quijote, desde Camus, desde Thomas Mann, hasta Saramago, mi novelista preferido, desde todos los novelistas de la historia, no hay uno que no haya sido por un rato largo, mientras escribía su novela, un esquizofrénico para desdoblarse e inventar  personajes  y hechos de ficción.
Por eso todos estos escritores son los principales viajeros de ese fascinante tranvía de los novelistas, que para andar necesitan de un par de antenas con cargas de electricidad en la cabeza y unas líneas de acero para rodar por sobre ellas, que chillan más que los ejes de cualquier carreta.
Pues bien, en ese tranvía de los novelistas, se acaba de montar Rubén Geller, un  novelista cubano que se estrena con “Los hijos del comandante”.
¿Pero cuál es la mayor virtud o el mayor atractivo argumental de esta novela que comentamos?
Pienso que la mayor virtud de esta nueva novela es su sabor satírico mezclado con un humor negro incisivo. Por eso insistimos que “Los hijos del comandante” reúne la locura de un país quebrado en todas sus instancias materiales y morales.
¡Qué espanto esa Cuba castrista de los últimos 50 años o del Período Especial que Geller describe con maestría singular, donde se han cocinado sopas con el Manifiesto Comunista; se han comido frazadas de piso adobadas como si fuesen bistecs; se han vendido y comido fritas de auras tiñosas; se han limpiado los traseros con el periódico oficialista Granma; se ha inventado a una Santa varón que se empeñó en cambiar de sexo para ser una mujer santa; y se sabe de buena tinta, que los dirigentes comen manjares, fuman habanos Cohíba y beben Chivas Regal, mientras que los hijos del comandante tienen que tomarse el alcohol de los reverberos y fumarse la guata apestosa de las almohadas!
Créanme, para entender a cabalidad esta novela delirante, “Los hijos del comandante”, hay que partir de la base de que es una novela loca, escrita por un escritor de honduras humanas.
A mi particularmente y se lo decía al autor, la novela me hizo recordar a aquel inolvidable artista de la fotografía del Siglo XX, Henri Cartier-Bresson, cuando tomó escenas del campo de concentración de Dassau o del entierro del Mahatma Gandhi.
La novela de Geller es una fotografía magistral de los perfiles del acontecer cubano. Casi un film. “Los hijos del comandante” es una sucesión de fotos con fuerza de impacto, de ironía y de sabor cubano.
Léanse esta novela, no le teman ni a lo esquizofrénico del tema ni al tranvía trastornado de los novelistas. Además, para leer esta novela, no tienen que montarse en el tranvía. Dejen ese atrevimiento a Rubén Geller y a los novelistas esquizofrénicos, que no pueden vivir sin sus locuras maravillosas.
 

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Un comentario a “Los hijos del comandante”

  1. maria elena lopez

    27. feb, 2008

    QUISIERA CONTACTAR CON RUBEN GELLER MI TELEFONO ES 305 305 74 17 GRACIAS