Neruda en su centenario

Escrito el 13. nov, 2005. Por , en Culturales

(publicado por Diario Las Américas) 

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 Soy de los que pienso que el arte hay que valorarlo y disfrutarlo por su valor intrínsico, al margen de los idearios y de las preferencias políticas del autor, pues de lo contrario, no podríamos ser capaces de valorar la grandeza social del escritor comunista José Saramago ni la hondura místico-humana del poeta católico Seamus Heaney, ambos Premios Noveles de Literatura en 1994 y 1995 respectivamente.
Por eso debo confesar que no me asusta hablar de Pablo Neruda, pues el valor poético del chileno alcanza una sensibilidad humana impresionante que supera cualquier equívoco de filiación política, que él como muchos obviamente los tuvo.                      Como dice el viejo adagio: “errar es de humanos”.
Para el sosiego de la poesía, al final de su vida, también Neruda, como casi la humanidad en pleno, despreciaron y criticaron a Stalin.
Para quienes nos gusta manosear el intimismo de los versos, el aniversario cien del nacimiento de Neruda debe ser un motivo para contemplar ese simbolismo maravilloso en sus poemas, que sintieron en la lluvia su primera pasión adolescente y que después se abrazaron al mar con la lealtad infinita de un navegante en busca de llegar a la playa para descubrir misterios, necesidades y amoríos del ser humano.
“ámame dormida y desnuda, que en la orilla eres como la isla…amor escondido en la cavidad de los sueños”.
La obra poética de Pablo Neruda tiene la genialidad y la virtud, de que sus versos terminan con fuerza amazónica en el ritmo cadencioso de una canción, como en los 20 poemas de amor.
“El viento de la noche gira en el cielo y canta, puedo escribir entonces los versos más tristes esta noche”.
Resulta alarmante como las principales editoriales del mundo le huyen a la poesía por razones de mercado. Pero en fin, hay que aceptar que estamos ante una época de pragmatismos monetarios y no de entusiasmos delirantes. Penoso el panorama.
Confiemos que esta apatía sea circunstancial y no se convierta en una herencia inconsciente del pasado materialista y opresor, que inclusive tuvo la osadía de perseguir la poesía, porque en los versos se compartía con pasión y compromiso ineludible, el dolor humano.
Se acaban de cumplir CIEN AÑOS del nacimiento de Pablo Neruda. En una ocasión  histórica, cuando Matilde Urrutia, su esposa hablaba con los militares que injustificadamente allanaban su casa, ella con su voz suave y tranquila le dijo a los soldados:
“en esta casa lo único peligroso que encontrarán es la poesía”.
Neruda fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1971. Y en sus inolvidables palabras de aceptación, dijo ante el mundo:
“no hay soledad inexpugnable y por eso es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía”.
No hay duda que Neruda supo cantar las quejas de esa América doliente  y por extensión las expuso al mundo con entera franqueza y humildad.
Cualquier ser humano podría cantarle a su Patria con estos versos del poeta dedicados a su país natal, que forman parte del Canto general a Chile:
“Patria mía quiero mudar de sombra…quiero cambiar de rosa…y sentarme en tus piedras por el mar calcinadas…a detener el trigo y mirarlo por dentro”.
Neruda, como José Martí, tuvo pasión por la obra poética, llena de sabor humano del poeta norteamericano Walt Whitman. Pero también quiso mucho la obra del Apóstol de la Independencia cubana, cuando profetizó,
“donde se abran tus últimas cortezas…yace Martí como una almendra pura”.
El poema dedicado a su única hija Malva Marina, que murió muy joven por una cruel enfermedad, revela la desesperación y el dolor intenso de un hombre agobiado por el destino,
“estoy herido en solamente un pétalo…y sube un río de sangresin consuelo…y me ahogo en las aguas del rocío…”
En Neruda hay una conciencia cierta del final que trasciende y de la naturaleza que no muere,
“me muero con cada ola cada día…me muero con cada día en cada ola…pero el día no muere nunca…no muere…”.

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