Catedral del exilio en Miami celebra 50 años

Escrito el 11. nov, 2012. Por , en Noticias

 

La parroquia de San Juan Bosco, llamada ‘Catedral del exilio cubano’, cuyo nombre rinde tributo al sacerdote y educador italiano del siglo XIX que entregó su vida al servicio de los niños pobres y enfermos, se desarrolló gracias al celo sacerdotal y misionero del sacerdote cubano, Emilio Vallina, cuya vocación sacerdotal él mismo confesaba se debió a la influencia espiritual de monseñor Alfredo Muller, Párroco de la Iglesia el Salvador del Mundo, en el barrio habanero del Cerro.

La iniciativa tuvo el impulso inicial del arzobispo de Miami, Coleman F. Carroll, quien en 1962 le dio el visto bueno al proyecto para atender las necesidades espirituales de la población inmigrante que llegaba en oleadas al sur de La Florida.

Las primeras actividades eclesiales de la nueva parroquia se realizaron alquilando la sala del Cine Trivoli, situado en la calle Flager, bajo la dirección sacerdotal del padre español Fernando Ibarra.

Pero semanas después de este inicio, llegaba a Miami un humilde sacerdote cubano con vocación de misionero, el padre Emilio Vallina, cuyo celo apostólico convirtió este ejercicio parroquial en la Catedral del Exilio cubano.

Vallina tuvo que retirarse en el 2006 por motivos de salud, pero ya la Iglesia San Juan Bosco en ese momento era toda una institución religiosa, con servicios de educación, asistencia social y salud para toda la comunidad pobre en Miami.

Los residentes mayores de la zona recuerdan todavía con infinito agradecimiento, como el padre Vallina salía a evangelizar casa por casa en todo el vecindario, para atender a las familias cubanas que llegaban huyendo del comunismo castrista.

Por eso se puede afirmar históricamente, que la vida católica de los cubanos exiliados en Miami, posterior al desvío comunista de la revolución cubana en el mismo 1959, comenzó en una sala de cine en la Calle West Flagler, bajo la tutela espiritual del padre Emilio Vallina.

“El piso era de tierra y para llegar al altar teníamos que caminar por una tabla de madera”, recordó Diego Chávez, de 93 años. “El altar era un mesa con una tela donde se ponían el copón y el cáliz”.

Fue en este proyecto eclesial del padre Vallina, que los cubanos creyentes y no creyentes recibieron la ayuda desinteresada para aliviar sus dolores de exilio.

“Estábamos desprovistos de todo”, rememoró Luis Lorenzo, miembro desde su fundación y presidente de la unión de Caballeros Católicos, una de las primeras sociedades laicas de la Cuba republicana que renació en el exilio en el seno de esta parroquia ubicada posteriormente en 1349 West Flagler St.

Para los exiliados cubanos, la misa dominical en San Juan Bosco, era un soplo de espiritualidad invaluable, desde que comenzaron en el cine Tívoli y pasaran a un pequeño local, hasta que finalmente con mucho sacrificio y por medio de donaciones y donaciones pudieron construir la Iglesia de San Juan Bosco.

Desde entonces, la Catedral del Exilio cubano atiende sin distinciones a los más pobres, con servicio médicos gratuitos, y recibe con los brazos abiertos a todos los necesitados que toquen a sus puertas en busca de un alivio, por muy humilde que sea.

Dios bendiga siempre al padre Vallina, santo y misionero de la Iglesia Católica cubana en e exilio…

 

 

 

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