Una luna azul dio paso al 2010
Escrito el 02. ene, 2010. Por Alberto Müller, en Noticias
Para algunos observadores del espacio sideral, el fenómeno que muchos contemplaron en la medianoche del 31 de diciembre, en víspera del Año Nuevo, una luna llena, la segunda del mes de diciembre, mejor conocida como la ‘luna azul’, iluminando la tierra y la vida desde su cima espacial, es un reflejo maravilloso de la creación.
Mientras la ‘luna azul’ iluminaba a millones de seres humanos, en el Vaticano, el Sumo Pontífice, Benedicto XVI, desafiando la ola tradicional de pronósticos en la despedida del año viejo, expresaba en su homilía del primer Día del Año, que la paz empieza cuando reconocemos en el rostro del otro a una persona, lo cual sólo es posible si se tiene a Dios en el corazón.
Las palabras del Papa durante la Misa de la solemnidad de María Santísima Madre de Dios, en la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en la Basílica de San Pedro, no pudieron ser más oportunas al enfatizar que meditar sobre el misterio del rostro de Dios y del hombre es una vía privilegiada que conduce a la convivencia y a la paz.
‘Todo comienza’, dijo el Sumo Pontífice de la Cristiandad, ‘por una mirada respetuosa, que reconoce en el rostro del otro a una persona, cualquiera que sea el color de su piel, de su nacionalidad, de su lengua, de su religión, pues en realidad, sólo si tenemos a Dios en el corazón, estamos en condiciones de detectar en el rostro del otro a un hermano de humanidad, no un medio sino un fin, no un rival o un enemigo, sino otro yo, una faceta del infinito misterio del ser humano’.
También dijo Benedicto XVI, ‘que nuestra percepción del mundo y, en particular, de nuestros similares, depende esencialmente de la presencia en nosotros del Espíritu de Dios, que es la expresión por excelencia de la persona y toda la historia bíblica se puede leer como un progresivo desvelo del rostro de Dios, hasta llegar a su plena manifestación en Jesucristo’.
Refiriéndose al título de ‘Madre de Dios’, explicó que ‘el rostro de Dios ha tomado un rostro humano, dejándose ver y reconocer en el hijo de la Virgen María’.
Benedicto XVI destacó que la Virgen ha custodiado en su corazón el secreto de la divina maternidad, al ser la primera en ver el rostro de Dios hecho hombre en el pequeño fruto de su vientre.
A continuación, el Papa ofreció una pequeña meditación sobre el icono de la Virgen de la ternura, que representa al niño Jesús con el rostro apoyado en el de la Madre.
El pontífice señaló que ‘desde pequeños, es importante ser educados en el respeto al otro, también cuando es diferente a nosotros’.
Y renovó su llamado a invertir en educación, poniéndose como objetivo, además de la necesaria transmisión de nociones técnico-científicas, una más amplia y profunda responsabilidad ecológica, basada en el respeto a la persona y a sus derechos y deberes fundamentales.
Y se lamentó el Papa, ‘que los rostros de los niños son como un reflejo de la visión de Dios sobre el mundo, aunque desgraciadamente, el icono de la ternura de la Madre de Dios encuentra su trágico opuesto en las dolorosas imágenes de tantos niños y de sus madres en las garras de la guerra y la violencia, como prófugos, refugiados y emigrantes forzados’.
El Papa afirmó que ‘debemos simplemente convertirnos en diseñadores de la paz, deponer las armas de todo tipo y comprometernos todos juntos para construir un mundo más digno de la persona’.
Finalmente, Benedicto XVI destacó que ‘la venida de Dios transfigura lo creado y provoca una especie de fiesta cósmica, por lo que la Iglesia renueva el misterio para las personas de todas las generaciones, les muestra el rostro de Dios, para que, con su bendición, puedan caminar por la senda de la paz’.
Resulta penoso que una parte pequeña del mundo carezca de receptividad para escuchar las reflexiones del Sumo Pontífice y rechace ver de cerca el rostro amoroso de Dios, prefiriendo vivir sumido en esa violencia destructiva que genera el terrorismo, el narcotráfico y los regímenes autoritarios de fuerza.




manuel comella
05. ene, 2010
“LA LUNA AZUL”
LAS PALABRAS DEL PAPA EN SU HOMILIA, ME RESULTAN MUY PROFUNDAS PARA ANALIZARLAS.
“UNA FACETA DEL INFINITO MISTERIO DEL SER HUMANO” DE TODAS FORMAS EL MENSAJE ES CLARO Y MUY HUMANO; EL SUENO DE PAZ DE TODA LA HUMANIDAD.
MANUEL COMELLA