La impunidad castrista al descubierto

Escrito el 23. mar, 2010. Por , en Noticias

Los cubanos han tenido que esperar medio siglo para que la impunidad y el desprecio del régimen castrista por el ser humano quede al descubierto con el asesinato de un joven albañil de la raza negra, cuyo único delito fue ser activista pacífico de los derechos humanos.
Hoy el mundo entero, desde los rincones de la izquierda, de la derecha, del centro, de las generaciones jóvenes y viejas, y del mundo cultural y religioso, ha levantado su voz para condenar el asesinato cruel y evitable del disidente Orlando Zapata Tamayo.

El hecho sin precedentes en la historia contemporánea de que se unan las voces del Parlamento Europeo, el gobierno de Francia, el Senado mexicano, la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, el cantautor cubano Pablo Milanés, el cineasta Pedro Almodóvar, el político catalán Jordi Pujol, la cantante Ana Belén, la Mesa de la Unidad de la Oposición venezolana, los Premios Nobel Lech Walesa y Oscar Arias, y miles de escritores, artistas e intelectuales de todo el mundo, encabezados por el escritor Mario Vargas Llosa, para condenar el asesinato de Zapata Tamayo y exigir la libertad de los presos políticos cubanos, quiebra los tenebrosos hilos y pone fin a esa impunidad muy bien entretejida, que utilizó el régimen castrista, durante medio siglo, para ocultar la persecución sistemática, las torturas y el encarcelamiento o fusilamiento de sus opositores.

Ya todos conocen la verdad represiva del régimen castrista que, aprovechó el marco bipolar de la Guerra Fría y las expectativas de libertad de una revolución esperanzadora en 1959, para asumir traicioneramente el camino estalinista del terror y de la aniquilación del ser humano cubano.

La impunidad del régimen castrista ha terminado, aunque es cierto que a un costo humano muy alto, pues se han perdido muchas vidas torturadas, en las prisiones y ante los paredones de fusilamiento, que se entregaron para defender la libertad de la bella isla cubana.

Y ya lo saben todos, con excepción de los cómplices autoritarios que pululan en todos los rincones de la oscuridad, que aquellas obras anunciadas a bombo y platillo, como la alfabetización y la formación de médicos y maestros, eran una mascarada demagógica para ocultar la verdadera intención del castrismo de perpetuarse en el poder a toda costa.

La muerte de Zapata Tamayo, la muerte de los 26 enfermos mentales en el Hospital de Mazorra y la muerte de los niños inocentes en el hundimiento del ‘Remolcador 13 de Marzo’, por mencionar sólo tres momentos entre cientos, son suficientes para que la impunidad quede enterrada para siempre.

A partir de ahora, el mundo ya sabe, con nombre y apellido, que el régimen castrista es el gran asesino y torturador de las ansias de libertad del pueblo cubano.

Por eso la furia con que los castristas arremetieron contra esas honrosas mujeres indefensas, las Damas de Blanco, que con todo su derecho salieron a las calles con gladiolos frescos a reclamar la libertad de sus familiares, lo delata todo.

La gran obra de teatro del castrismo, iniciada por el elocuente Fidel Castro, que por razones de enfermedad ha quedado sin habla, y proseguida por su hermano Raúl, que cuando habla parece como si estuviese alcoholizado, ha terminado.

En el cierre del telón ha quedado el rostro digno y humilde de Orlando Zapata Tamayo, y de fondo los rostros de los niños ahogados en el hundimiento del ‘Remolcador 13 de marzo’, como para sentenciar de por vida, que esta obra castrista-estalinista nunca debió ponerse en el escenario de una isla hecha de la mano de Dios para bailar, sonreir, querer y crear.

Cuba realmente no se merecía ni se merece este ensañamiento de un sistema anacrónico y patético, como el comunismo, contra un pueblo bondadoso y trabajador.

Todavía quedará por ver la agonía final del comunismo castrista, que podría mostrar aún más rabia de la que ya conocemos por el desprecio que sienten por la dignidad del ser humano, pero al menos, ya sabemos, ya lo sabe el mundo, que la impunidad del régimen ha quedado al descubierto.

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