Laura Pollán entra en la historia cubana con humildad y decoro
Escrito el 16. oct, 2011. Por Alberto Müller, en Noticias
Laura Pollán de maestra de literatura y esposa abnegada entra en la historia cubana con un gladiolo blanco en su mano pidiendo con humildad y sin violencia la libertad de los presos políticos cubanos de la primavera del 2003, entre los que se encontraba su esposo, Hector Maseda.
El movimiento de las Damas de Blanco surgió como reacción de protesta a la detención por el Gobierno cubano de 75 opositores, posteriormente condenados a largas condenas.
Laura Pollán junto a otras mujeres de presos, fundó el movimiento de las Damas de Blanco, del que se convirtió en alma y coordinadora. En su humilde casa de la calle Neptuno, en centro-Habana, organizaba seminarios, desayunos y reuniones. Acogía a todas las mujeres de presos que viajaban a La Habana y recibía a cualquiera que quisiera visitarla.
Tuve ese inmenso privilegio periodístico de entrevistar a Laura Pollán en múltiples ocasiones. Siempre afable, sin ofender a nadie, denunciando con firmeza los abusos, pidiendo solidaridad en todos los rincones del mundo y exigiendo respeto a los derechos humanos.
Nunca escuché de su boca palabras ofensivas ni violentas ni despreciativas. Su trato de respeto para todos era su norma, pero su misión de defender a los presos políticos cubano se hizo su razón de vida infatigable.
Todos los domingos marchaba, junto al resto de las Damas de Blanco con un gladiolo blanco en la mano, una vez que finalizaba la misa en la parroquia de Santa Rita.
Por esta lucha incansable, las Damas de Blanco recibieron el prestigioso Premio Sajarov 2006 de derechos humanos. El movimiento se consolidó y las marchas no-violentas se convirtieron en un hito en la lucha del pueblo cubano por defender la libertad de expresión, la libertad de los presos políticos y el respeto de los derechos humanos.
En varias ocasiones fueron golpeadas, arrastradas y ofendidas por las turbas castristas y las fuerzas de la seguridad del estado. Lo que motivó la gestión solidaria de la Iglesia Católica y del cardenal Jaime Ortega ante el gobierno de Raúl Castro en el año 2010 para que cesara la hostilidad contra estas indefensas mujeres.
Luego vino el diálogo entre la Iglesia Católica y Raúl Castro que permitió la liberación de los presos. Pero hay que decir que la firmeza y la prudencia de Laura Pollán fueron decisivos para los logros obtenidos con la liberación de todos los presos de la Primavera del 2003.
Laura murió agradeciendo a la Iglesia Católica su interés humano por protegerlas ante las embestidas irracionales del gobierno cubano.
La historia cubana recoge ya el nombre de Laura Pollán, como una heroína plena de humildad y coraje.
No tenemos dudas de que Dios, en su infinita misericordia, la ha recibido en su reino con el AMOR grande merecido.


