Barack Obama y Herta Müller ganan Premios Nobel 2009

Escrito el 09. oct, 2009. Por , en Noticias

 Huert Müller, perseguida por el comunismo rumano, obtiene Nobel de Literatura 2009

Huert Müller, perseguida por el comunismo rumano, obtiene Nobel de Literatura 2009

El presidente de Estados Unidos se impuso en una votación sorprendente para obtener el Nobel de la Paz 2009, mientras la alemana, nacida en Rumania, Huert Müller, que sufrió persecución del régimen comunista de Nicolae Ceausescu obtuvo el Premio Nobel de Literatura.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha ganado el Premio Nobel de la Paz 2009 “por estimular el desarme nuclear, por sus extraordinarios esfuerzos por reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”, según ha anunciado el Instituto Nobel de Noruega.

Según el Instituto del galardón, el presidente de Estados Unidos ha creado un “clima nuevo para la política internacional. Gracias a sus esfuerzos, la diplomacia multilateral ha recuperado su posición central y ha devuelto a las Naciones Unidas y otras instituciones internacionales su papel protagonista”.

“La visión de un mundo sin armas nucleares ha estimulado el desarme y las negociaciones para el control de armamento. Gracias a la iniciativa de Obama, Estados Unidos está desempeñando un papel más constructivo para hacer frente a los retos del cambio climático que afronta el mundo”, ha agregado el Instituto.

El mandatario norteamericano sucede en el palmarés al ex presidente finlandés Martti Ahtisaari, galardonado en 2008 por su labor como mediador internacional.

Se trata de la segunda vez que recibe el Nobel de la Paz un presidente de Estados Unidos en activo, después de que en 2002 le fuera otorgado al ya ex presidente Jimmy Carter, por su labor mediadora. En 2007, su compatriota, ex candidato a la Casa Blanca y ex vicepresidente Al Gore, asimismo demócrata, lo recibió por su labor en la lucha contra el cambio climático.

Los dos libros autobiográficos de Barack Obama, The Audacity of Hope (La audacia de la esperanza) y Dreams from my father (Sueños de mi padre), se han convertido en los libros más vendidos. Los observadores mencionan con frecuencia que el secreto de su éxito obedece a un arma rudimentaria: el poder de la palabra.

Su carrera política arrancó, curiosamente, con discursos que no conectaban bien con el público y en los que abundaban los detalles sobre sus programas. No sería hasta 2004, durante su campaña al Senado, cuando introdujo los elementos de “esperanza, cambio y futuro” que tiñen la entusiasta retórica que tan buenos resultados le ha dado. Obama está casado con Michelle Robinson Obama, que es abogada. La pareja tiene dos hijas: Malia Ann y Natasha (Sasha).

Herta Müller

Las habitaciones berlinesas del Gremio de Libreros Alemanes se quedaron pequeñas para la marabunta de reporteros y cámaras que esperaban ayer a Herta Müller, flamante premio Nobel de Literatura. Había que abrir paso a esta representante de las minorías, a una disidente que sufrió la persecución del régimen comunista de Nicolae Ceausescu durante su juventud en Rumania, a la brillante narradora de la resistencia al autoritarismo y de la sistemática destrucción de las relaciones humanas en las dictaduras:

‘Lo vivido bajo una dictadura no se olvida al quitar una hoja de calendario’, dijo en una ocasión la señora Müller, hoy Premio Nobel de Literatura.

Cuando se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín, el premio más prestigioso y mejor dotado de la literatura, de casi un millón de euros, ha recaído sobre una escritora nacida y crecida al otro lado del telón de acero. Una autora que tuvo que escapar de su país perseguida y amenazada por la Securitate, la temible policía secreta del régimen comunista.

Nacida en Rumania en 1953, en el seno de una familia de la minoría rumana de origen germano, Herta Müller escribe en alemán, su lengua materna. En Berlín aterrizó en 1987. Pero su total asimilación en la sociedad que la acogió -como la consagración de su literatura contenida, asfixiante y onírica- llegó ayer, cuando Peter Englund, de la Academia Sueca, anunció a mediodía que este año la galardonada era una escritora alemana.

Ya por la tarde, Müller reconocía en Berlín que la noticia aún no había llegado a su cabeza y que era demasiado pronto y necesitaba tiempo para registrarlo. Y a continuación explicó las vinculaciones entre el vigésimo aniversario de la caída del socialismo real” y su obra:

“Hay una conexión entre mi escritura y el hecho de haber vivido 30 años en una dictadura”, dijo. Otros, recordó, “no sobrevivieron; a ellos no los resucitó la caída del régimen”. “Lo que has vivido bajo una dictadura no se olvida cuando arrancas una hoja del calendario”.

En 1987 el Gobierno alemán pagó 8 mil marcos de la época, unos 4 mil euros para que Müller pudiera venir a Berlín. Su familia tuvo que reunir la misma cantidad, para ellos astronómica, para pagar los sobornos que le permitieron huir de la censura y la represión.

‘El tema de mi escritura no lo he elegido yo, se me echó encima’, explicó la escritora, que se dijo sorprendida por el empeño que el aparato represor de una dictadura puede llegar a poner en perseguir a un escritor.

La Academia Sueca reconoce en los libros de Müller los ‘paisajes del desarraigo’. En medio de un entusiasmo un tanto patriótico, Müller mantenía ayer su reserva.

‘Entra usted en una galería ilustre con Thomas Mann, Heinrich Böll y Günter Grass’, le dijo un periodista alemán. ‘No tengo sitio en la cabeza para andar por ahí con una galería dentro’, le espetó ella.

‘El premio es un suceso externo que está muy bien, es bonito, pero mi meta es escribir. Ése es mi trabajo’.
Los medios y algunos políticos alemanes no tardaron ayer en mostrar su regocijo por el décimo Nobel de Literatura para Alemania.

El libro de relatos ‘En tierras bajas’ fue en 1990, la primera obra de la autora rumano-alemana traducida al castellano. Lo publicó Siruela en la versión de Juan José del Solar. Ése y la novela ‘El hombre es un gran faisán’ en el mundo, de la que existe versión en gallego, eran los únicos títulos disponibles ayer en las librerías españolas.

Como en el resto de Europa, Müller es una autora cuyo gran prestigio crítico no ha ido acompañado del éxito de ventas.

Con mayor gravedad se mostró el ministro de Cultura del Gobierno alemán, el democristiano Bernd Neumann (CDU). No quiso perderse la foto con la flamante galardonada. Le entregó un ramo de flores y largó un pequeño discurso laudatorio: ‘Señora Müller, estamos orgullosos’.

Todavía sentada, Herta Müller esbozó media sonrisa irónica, se encogió de hombros y tardó unos segundos en responder. ‘Muchas gracias’.

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Un comentario a “Barack Obama y Herta Müller ganan Premios Nobel 2009”

  1. Jesus Chao

    10. oct, 2009

    La izquierda europea se premia a sí misma

    EDITORIAL LIBERTAD DIGITAL

    10/10/2009

    Los progresistas europeos se conceden premios a sí mismos por creer que con Obama finalmente han impuesto su visión multilateral del mundo a ese reaccionario país que, desde el otro lado del Atlántico, se empecinaba en defender los principios liberales.

    Sorprende por el descaro y la precipitación, pero por la elección. Nadie puede dudar de que el Premio Nobel de la Paz es la expresión de una decisión política desde el momento en que es el Parlamento noruego quien lo concede. Pero además también debería haber quedado ya claro que esa decisión política es depositaria de unas ideas y valores que asimilan la paz con la estrategia de distensión por la cual Occidente básicamente renuncia a defenderse a sí mismo; apenas hay que repasar algunos de los recientemente galardonados: Rigoberta Menchú, Yaser Arafat, Kofi Annan, Jimmy Carter o Al Gore.

    En realidad, pues, la concesión del Premio Nobel de la Paz a Obama ni ha desprestigiado el galardón más de lo que ya lo estaba ni ha cambiado radicalmentre su orientación ideológica. Su única especialidad no está en el fondo, sino en las formas: no haber aguardado ni siquiera un tiempo prudencial para aparentar que la elección es fruto de una detenida reflexión sobre el legado pacificador del premiado y no de un arranque de pleitesía hacia un presidente cuyos discursos pasan por renegar de todo lo bueno que suponen los Estados Unidos.

    Precisamente, las ovaciones de la progresía europea a Obama no son más que ovaciones dirigidas realmente hacia sí misma. Se aplauden y se conceden premios a sí mismos por creer que con Obama finalmente han impuesto su visión multilateral del mundo a ese reaccionario país que, desde el otro lado del Atlántico, se empecinaba en defender los principios liberales sobre los que se había fundado y gracias a los cuales se había convertido en la primera potencia mundial.

    De ahí que por primera vez no se hayan premiado los resultados del galardonado en su contribución a la paz mundial, sino sus aventuradas ideas sobre la misma. Para la estrechez de miras de la progresía europea, paz equivale a cesión ante nuestros enemigos y, en ese sentido, bien puede decirse que Obama nos ha traído ya la paz.

    Los méritos alegados por la comisión parlamentaria noruega –su contribución al desarme nuclear– no dejan de ser la cumplimentación de una formalidad irrelevante para la decisión final. Recordemos que el plazo para presentar las candidaturas al Nobel de la Paz terminaba el 1 de febrero de este año, es decir, la candidatura de Obama se presentó cuando apenas llevaba 11 días en el cargo. Como decimos, no importaba en absoluto qué decisiones fuera a tomar, sino que bastaba con el hecho histórico de que hubiese alcanzado la presidencia asimilando el discurso de la izquierda europea.

    De hecho, desde entonces su contribución al desarme nuclear ha pasado por desproteger de semejantes amenazas a sus alíados de Polonia y la República Checa y por dar nuevos bríos a la carrera atómica iraní a través de su parálisis y debilidad. Con Obama, el mundo civilizado no se ha vuelto más seguro, sino mucho más vulnerable, frente a la amenaza nuclear.

    Como recuerda el Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), el único presidente estadounidense que realmente pudo anotarse el tanto de haber logrado una auténtica reducción de este género de armamentos fue Ronald Reagan. Pero obviamente Reagan representaba todo lo contrario a lo que justamente ayer premiaron de Obama. Al fin y al cabo, sus políticas sólo concluyeron con la extensión de la paz y la libertad a cientos de millones de personas. Semejante hazaña no merecía una distinción tan denostada como el Nobel de la Paz; la indefinición y el discurso de Obama, por mucho que él no lo crea, sí.