El ser revolucionario del terror
Escrito el 14. ago, 2007. Por Alberto Müller, en Política
(Publicado por Diario Las Américas)
El “ser revolucionario” debe ser sinónimo de progreso, de modernidad y de convivencia civilizada. Si no cumple con estos requisitos, corre el peligro de que el terror represivo mine sus mecanismos operativos de control. Por eso hemos subdivido en esta viñeta periodística al ser revolucionario en dos naturalezas claramente diferenciables: la del terror y la de la libertad.
El siglo XXI con tantos retos de desarrollos, de respetos, de libertades, de entendimiento y de paz social, no debe temer al “ser revolucionario”, a pesar de que el término se haya deformado en algunos países por la implantación del terror y la represión sistemática, como ocurrió durante las revoluciones jacobina en 1789, bolchevique en 1917 y castrista en 1959, por mencionar algunos de los momentos más deshumanizantes de la era moderna.
Partimos del criterio que revolución no es sólo el asalto a un poder que produce algún cambio o ruptura con el pasado, sino que también revolución es el cambio técnico, moral o social en el esquema de comportamientos o de patrones funcionales de cualquier sociedad en libertad.
La Revolución Norteamericana con la Declaración de Independencia de las 13 colonias (1776) es un referente trascendental para entender que cuando una revolución se abraza a la libertad y a Dios, sus logros sociales obviamente son humanos y perdurables.
Por eso insistimos que no hay que temer al “ser revolucionario”, en tanto y en cuanto se entienda que la historia necesita de impulsos productivos y de desarrollos imperativos morales para alcanzar sus objetivos de crecimiento, de justicia y de libertad:
La Revolución Industrial representó la transformación económica y social (siglo XVIII – XIX) de más impacto en la historia de la humanidad.
Pero también esa misma revolución industrial, producto del crecimiento desorbitado de la población y del éxodo masivo de los campesinos hacia las ciudades, produjo profundas injusticias sociales, que hicieron surgir el pensamiento socialista en todas sus variantes conocidas, como, el Socialismo Utópico, el Socialismo Cooperativo y el Socialismo Radical de Carlos Marx que proponía la abolición de la propiedad privada.
Pero hay otros momentos cumbres del “ser revolucionario en libertad” que no debemos pasar por alto: Jesús de Nazaret es el exponente indiscutible del revolucionario moral, que en representación del Dios Único, vino a salvar a la humanidad de la sumisión al pecado y de la conducta farisaica, pero todo dentro de un esquema humano-divino de convencimientos y de voluntades libres.
Mahatma Gandhi es el ícono universal de la revolución que instauró los estándares del quehacer pacífico para resolver las fricciones que surgen en el comportamiento social y alcanzar la independencia del país.
Bill Gates es el caso típico del revolucionario filántropo reciente que creó un sistema operativo en la empresa electrónica conectando a toda la humanidad dentro del concepto maravilloso de la informática a través de la computadora.
¿Pero qué ha sucedido en la historia cuando los procesos del “ser revolucionario” imponen su autoridad o su terror a contrapelo de los derechos del pueblo a opinar y a disentir?
Las consecuencias son harto conocidas, pues se aniquila entonces el sentido humano del cambio y el proceso deja de ser auténticamente revolucionario para convertirse en un estadio sangriento de terror totalitario.
Cuando Stalin logró implantar el terror en la Unión Soviética, más de una decena de millones de ciudadanos soviéticos pagaron con sus vidas el experimento totalitario del dictador ruso.
¿Y a modo de ejemplo, que pasó finalmente en este poderoso país del socialismo marxista europeo?
Pues que la Unión Soviética y su “ser revolucionario” se desintegraron y desaparecieron de la historia rusa para siempre.
Para que cualquier proceso social o político en la historia pueda ser considerado verdaderamente revolucionario y perdurable, tiene que tener garantizados sus espacios de libertad, independientemente de sus primacías proletarias, de mercado o de integración social.
De lo contrario, esos procesos revolucionarios corren el peligro de padecer espasmos de violencias y de terror, como los conocidos a través del jacobinismo, del estalinismo y del castrismo, que terminan siendo revoluciones de involución que tienden todos a desaparecer con los años y con sus caudillos.
Ya nadie en Francia ni en Rusia se replantean el “ser revolucionario” a la usanza de Robespierre ni de Stalin.
No hay que temer al “ser revolucionario” que cree en la libertad, porque por ese camino los pueblos pueden encontrar la felicidad, impulsar el desarrollo y vivir en paz en su tierra prometida.
Ahora que en Cuba el castrismo comienza a mostrar síntomas de decadencia terminal con el caos de los abastecimientos, de los servicios, de la productividad y del descontento generalizado de la población, vale la pena que analicemos que el “ser revolucionario” cubano reclama desde hace años esquemas de libertad, de participación y de respetos a la persona humana.
Muy pronto los cubanos en decisión soberana instaurarán en la isla al ser revolucionario de la libertad. Y Cuba, dejando el terror atrás, se integrará nuevamente al concierto de las naciones civilizadas del planeta.



Camilo López
14. ago, 2007
Señor Alberto Muller, un agrado visitar su blog, del cual no tenía la menor idea de que existiera. Casi todos los días escucho su programa “La Tarde”, junto al cineasta Jorge Sotolongo. Ya lo visitaré a menudo. Voy a colocar en mi blog la noticia de la existencia de esta.
Saludos!
Miriam Cardet
14. ago, 2007
Brillante articulo!!! Como todos los que escribes. Me encanta la pagina que has abierto.
Felicitaciones y mucho exito.
Un abrazo.
Martha Pardiño
14. ago, 2007
Querido Alberto:
Estoy con usted: no hay que tener miedo a ser “revolucionario por la libertad”. Jesucristo fue un revolucionario que nos vino a enseñar el amor y a traer la justicia de su Reino a la tierra.
En Cuba, nuestra sufrida patria, hacen falta muchos revolucionarios por la libertad, como lo son los disidentes y nuesros hermanos que están encarcelados cumpliendo largas condenas por el sólo hecho de pensar distinto que el tirano.
Un abrazo y felicitaciones.
Martha Pardiño
Alberto Müller
17. ago, 2007
Estimado Camilo:
Agradecemos el agrado por el BLOG y nos estimula que se haya convertido en un oyente asiduo de La Tarde por La Poderosa 670 AM a las 5:30 p.m.
Afectos
Alberto Muller
Alberto Müller
17. ago, 2007
Gracias Miriam por tu comentario, que siempre estimula.
Afectos
Alberto Muller
Alberto Müller
17. ago, 2007
Estimada Martha:
Gracias por el comentario. En la vida hay que enfrentar el miedo y derrotarlo. Revolucionarios fueron Jesús de Nazareth, George Washington, Bill Gates, Charles de Gaulle y la Madre Teresa de Calcuta, entre otros.
Los comunistas son revolucionarios del terror. Y nosotros somos revolucionarios de la libertad.
Afectos
Alberto Muller
Eduardo F. Pelaez
17. ago, 2007
Hace mucha falta articulos como este en nuestra comunidad. Nosostros los cubanos le tenemos tanta adversion a la palabra “revolucion” que nos olvidamos de las buenas revoluciones y de los buenos revolucionarios.
Un abrazo
Pancho
Alberto Müller
17. ago, 2007
Estimado Pancho:
Nos queda camino por andar, pero develar la verdad de la memoria y de la realidad son andares ineludibles.
Afectos sinceros
Alberto Muller
Camilo López
20. ago, 2007
Estimado Alberto:
Espero reciba muchas visitas provenientes de Estancia Cubana:
blogs.peri...recomiendo
Saludos.
ELGUSANO
21. ago, 2007
QUISIERA SABER SI EL SEÑOR QUE ESCRIBE AQUI ES EL MISMO ALBERTO DE LA RADIO LA PODEROSA,..GRACIAS.