Vivas a la cebolla

Escrito el 03. ene, 2007. Por , en Culturales, Política

(publicado por Diario Las Américas) 

http://temasmatematicos.uniandes.edu.co/Casquetes_cilindricos/Fotos/CEBOLLA_aum.jpgQuiero comenzar el Año 2007 deseándole a los presos políticos cubanos y al pueblo de Cuba libertad; al mundo paz y prosperidad; y a mis fieles amigos lectores que sus deseos de año nuevo se cumplan a cabalidad.

Permítanme entonces apartarme del detalle de la violencia perturbadora de los dictadores y de la violencia anonadante de los terroristas, para acercarme a esa planta agradecida de raíz bulbosa que ha condimentado todos nuestros alimentos en estos días festivos. Me refiero a la cebolla.

En nuestra investigación periodística sobre esta planta adorable y de carácter picantoso, nos topamos con estadísticas impresionantes a nivel universal: mientras el mundo consume una vaca en un tiempo real de fracciones milimétricas de segundo, en ese mismo tiempo consume cinco corderos, veinte gallinas, tres chivos, cuatro pescados, un conejo, etc., etc., etc.

Pues en ese mismo tiempo fraccional real de milésimas de segundos, se consumen en todo el mundo casi tres mil cebollas.

Desde tiempos ancestrales la cebolla ha sido un condimento estimulante y algunos dicen que por alentar la rebeldía de los de abajo, que representan la clase social más oprimida, ha sido mirada con desdén por monarcas autoritarios, tiranos sanguinarios y dictadores opresores.

Y eso explica, según algunos observadores de la historia, que en esas épocas de opresión, la cebolla siempre escasea en los mercados populares, quedando como condimento exclusivo de las clases opresoras.
Estos señorones del mando a garrotazos y temerosos de la libertad, le temen también a ese lindo compromiso de amor entre la pareja que reza con distinción: “contigo pan y cebolla”.

Pero independientemente de la veracidad de esta afirmación política puntual y quisquillosa, la cebolla es un bulbo generoso formado por capas compactas concéntricas que no puede faltar en una buena receta de comida y por ende en una mesa de alta calidad gastronómica.

“A la olla polla y cebolla”, parafrasea el simpático refrán castellano. Por eso cuando consumimos la cebolla cruda, principalmente la cosechada en otoño que pica con fuerza en el paladar, nos sugiere un buen carnero o un cochinillo asado en leño, como complemento ineludible, amén de las rebeldías y los impulsos que provoca por su picantez.

A través de su historia plena de afectos y tropiezos, la cebolla ha terminando imponiendo su personalidad sencilla, alimentaria y condimentadora.

Entre sus detractores, además de los tiranuelos autoritarios, nos encontramos con algunos pensadores y poetas entre los antiguos que la consideraban un afrodisíaco tentador y peligroso: Galeno, el famoso médico griego del Siglo II, decía que la cebolla tenía substancias de fuego. Y Luis Lober, el médico de Carlomagno, afirmaba con profunda hostilidad que la cebolla, el ajo y la berenjena eran venenos para el organismo humano.

¡Qué despistados estaban estos maestros del saber!

Pero sin embargo y en contraposición a estos pensadores que temían a la cebolla, Homero, el poeta griego por excelencia, la calificaba como la “saboreadora del vino”. Los árabes y los españoles la han amado con delirio y antes de consumirla la acarician con ternura infinita.

Finalmente estos dos pueblos hermanados al menos en la cebolla, han terminado convenciendo a los orgullosos franceses de las cualidades inherentes del bulbo condimentador.

Francia, desde hace muchos años, una vez convencida por musulmanes y españoles, no solamente la consume en todos sus rincones, sino que con la cebolla ha aportado a la historia de la gastronomía dos platos maravillosos mundialmente apreciados: la sopa de cebolla y la tarta o pastel de cebolla.

Así que con el advenimiento del Año Nuevo, a sembrar cebollas los agricultores en recesión o con ansias de aumentar sus ventas al mercado y también los ciudadanos del mundo que tengan el privilegio de poseer en su residencia un conuco para sembrar.

Vale la pena exponer para el que decida tomar el camino investigativo de la cebolla, que las hay de distintos tipos: dulces, bermejas, blancas y rojas, entre otras. Unas sirven mejor para ensaladas, otras para guisos, tortillas y asados.

Y las cebollas más picantes, pues dejémoslas para acompañar al vino tinto, estimular la rebeldía de los de abajo y así sembrar la preocupación temerosa en las mentes malévolas de todos los dictadorzuelos.

Demos VIVAS con humildad agradecida a la cebolla que nos acompaña con sabor y picardía, tanto en nuestros quehaceres amorosos y culinarios, como en nuestras obligadas rebeldías en contra de los déspotas de turno.

Feliz Año 2007 para todos y como reza el refrán hogareño, “a la olla polla y cebolla”.

(Publicado por Diario Las Américas en su edición del miercoles 3 de enero, 2007)

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