El Dalai Lama entre nosotros

Escrito el 28. sep, 2004. Por , en Religiosos

(publicado por Diario Las Américas)

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Los Dalai Lamas, según la tradición budista, son la reencarnación de la compasión de Buda para servir al pueblo y conducirlo a la liberación suprema o nirvana.
“Hasta el enemigo tiene algo que enseñarnos y el nuestro nos ha enseñado a ser pacientes”, dijo su santidad Tensin Gyatso, el 14to. Dalai Lama de la historia, con sencillez coloquial ante un público emocionado en el Auditórium Deportivo de la Universidad Internacional de La Florida.
El Dalai Lama es una personalidad espiritual muy querida en todo el mundo, pero en especial en el sur de La Florida, entre otras cualidades por ser el líder del Tibet, una nación milenaria que ha tenido que instalarse en el exilio por la agresividad hegemónica, sanguinaria y de dominación del Partido Comunista chino.
En 1989, en reconocimiento a su incansable labor en favor de los derechos humanos, la liberación del Tibet por medio pacíficos y la defensa de la pureza ambiental fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz.
Pero en estos momentos de angustia y pérdidas materiales y humanas para los habitantes de La Florida, por haber sido su territorio golpeado e invadido sin clemencia por cuatro huracanes en menos de cuatro semanas <Charley, Frances, Iban and Jeanne> la presencia del Dalai Lama ha sido un bálsamo de amor solidario y de compasión  inolvidables para todos.
En sus comentarios llenos de humildad humana en la Universidad Internacional de La Florida, el Dalai Lama se concentró en la COMPASION, como fuente de la verdadera felicidad.
“No debemos considerar el ser feliz por el placer solamente, pues el ser feliz implica un afecto hondo hacia el prójimo que nos rodea”.
 Cuando el Dalai tuvo que escapar a la India en 1959 con 80 mil de sus seguidores por la invasión china al territorio del Tibet, no demoró en reclamar ante el foro de las Naciones Unidas el derecho de autodeterminación del pueblo tibetano y el respeto irrestricto a los derechos humanos.
También un público multitudinario acudió al Centro de Office Depto. en Sonrisa para escuchar las enseñanzas del Dalai Lama, que en posición de loto y como meditando en silencio, escuchó atentamente los acordes de los violines interpretando La Primavera de Vivaldi, mientras su rostro reflejaba el gozo íntimo, que es una de las virtudes budistas más acariciada.
Una docena de niños de diferentes nacionalidades y con vestimentas típicas de sus países le ofrecieron flores al Dalai. Sorpresivamente el Dalai abandonó su posición de loto, se levantó de su asiento y tomó las manos de cada niño para inclinarse ante ellos.
El Dalai Lama acostumbra comunicarse con sencillez coloquial y usa con frecuencia la calidez de su sonrisa para tocar la sensibilidad íntima del ser humano.
Precisó con humildad, durante sus presentaciones en el sur de La Florida, que no poseía ningún poder excepcional para resolver problemas. Pero no obstante, les puedo confesar que soy feliz.
Y añadió, “estoy aquí con ustedes para recordarles la práctica de la caridad y de los pensamientos compasivos”.
En cuanto a la paz dijo que rehusaba convertirla en una palabra de moda superficial. La paz hay que vivirla diariamente con la conciencia profunda de que los términos agresivos e individuales pueden desvanecerse en un instante.
Mis armas, mi futuro, mi prosperidad material, mi placer, nada dicen ante el ser humano que necesita de la compasión para vivir en paz.
El Dalai lamentó la negligencia que ha causado en el siglo pasado la violencia y su dolor e insistió en crear juguetes para la paz y no para la guerra.
Y concluyó pidiendo humildemente, que los seres humanos extiendan su afecto para cobijar el planeta que comparten con los otros.
”No pierdan el entusiasmo”, fue su sentencia al despedirse.

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