A 100 años del Caballero de Paris

Escrito el 27. abr, 2000. Por , en Sociales

(publicado por el Diario Las Américas)

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Con respeto y elegancia se celebro en la ciudad de Miami la noble locura de un inolvidable caballero, que no atesoró riquezas materiales, pero que fue honrado por su bondad de corazón.
Hace un siglo que nació el inolvidable Caballero de París, que embelleció de pobreza callejera y elegancia principesca a una de las ciudades más linda y acogedoras del mundo.
No se podrá escribir la historia humana de la ciudad de La Habana “en su diálogo con el mar, con sus amaneceres y con sus ocasos”, parafraseando el exquisito libro de María Luisa Lobo Montalvo, sin la nobleza, la locura y el andar principesco del Caballero de París.
¡Es muy raro que un habanero de la segunda mitad del siglo pasado no recuerde con afecto primordial la hidalguía de ese pordiosero limpio y de caminar despacio por los portales de Infanta y San Lázaro, que decía adiós con singular nobleza a los pasajeros que desde los tranvías lo reverenciaban con vítores de simpatías!
Hoy los cubanos exiliados en la ciudad de Miami, en un intento por preservar los valores de la cultura nacional, se aprestan a rememorar el nacimiento centenario del inolvidable Caballero de París, como lo hicieron también hace 15 años en un singular entierro simbólico, unos días después que se supo que había fallecido en el Hospital de de Mazorra en la ciudad de La Habana.
Parece ser, por los papeles de archivo, que el Caballero de París, cuyo nombre de bautismo era  José María López Lledín, nació en la aldea de Fonsagrada, perteneciente a la ciudad de Lugo, provincia de Galicia.
Y sabemos que de niño le encantaba que sus padres lo llevaran a caminar por la imponente muralla romana que circunvala la hermosa ciudad gallega.
Posteriormente la leyenda pueblerina nos dice que su locura fue producto del naufragio del barco que navegaba hacia La Habana, donde pereció toda su familia, incluyendo su esposa e hijos.
Sin embargo la fantasía literaria que nos lega el supremo verso de la vida, nos asegura que el Caballero de París mostraba en su cotidiano deambular por la ciudad de La Habana, un amor apasionado y vehemente por las mariposas.
Tal vez este amor de nobleza esquizofrénica del Caballero por el frágil animal de alas caleidoscópicas, explique sus andares harapientos, en busca de brisas y colores que lo transportaran a un mundo más íntimo de felicidad.
En estos momentos, bajo la inspiración del reconocido pintor cubano Gilberto Marino, se expone en el Teatro Tower una exhibición de pinturas en tributo al legendario personaje habanero, conocido como El Caballero de París.
A este evento singular, todos los cubanos de Miami y en especial los habaneros, están formalmente invitados.
Así honrará Miami al Caballero de París que hizo de su mendicidad y de su locura una estampa inolvidable de respeto amoroso por la ciudad de La Habana.
Su fe infinita por la vida, vestida de pobreza, nunca pronunció una queja ajena y siempre tuvo frases de agrado fraternal.
¡Qué distinta La Habana envejecida en ruinas y quejumbrosa que hoy sirve de plataforma para perseguir y encarcelar a todo el que disienta de la política oficial del comunismo cubano!
De aquella Habana imperfecta, pero limpia y con aires principescos de libertad, falta la figura amorosa y periférica del Caballero de París.
Los cubanos se aprestan a dar gracias al Caballero de París por su noble locura, mientras siguen rechazando con vigor y entereza la locura política de ese viejo dictador sin escrúpulos que sigue hundiendo a Cuba en el desastre, el odio y la dispersión.

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