Al amigo Walter

Escrito el 05. sep, 1991. Por , en Sociales

(publicado por Diario Las Américas)

http://i.esmas.com/image/0/000/004/070/NT_esquizofrenia.jpgMe entero recientemente de la muerte de mi amigo Walter, al que conocí hace unos años durante aquellos interminables meses mientras acompañaba a mi madre en su lecho de muerte, después de la embolia masiva que la arrancó de súbito de este mundo de los sentidos y de las realidades.
Walter padecía de catatonia, una de las expresiones más tristes y dolorosas de todo ese mundo acuciante de enfermedades de la mente, que la siquiatría ha denominado como ESQUIZOFRENIA y que en pura semántica significa mente escindida.
En la habitación enfrente a la de mi madre estaba hospitalizado Walter. Y debo confesar que en esas horas interminables en espera de la muerte inevitable de mi ser más querido, Walter fue un amigo silencioso inapreciable.
La CATATONIA es un síndrome de lesión nerviosa sicomotora, caracterizado por la pérdida de la iniciativa motriz con presencia de fenómenos paracinéticos o movimientos incoherentes e innecesarios que se repiten de forma ilógica.
Antiguamente se tenía la creencia de que los esquizofrénicos estaban poseídos por el demonio. Posteriormente se pensó, por la alta incidencia de la enfermedad en los jóvenes, que la esquizofrenia era un tipo de demencia precoz.
Finalmente la psiquiatría, a principios del siglo XX estudió con precisión la naturaleza del amplio campo de la esquizofrenia.
Desde entonces la enfermedad mental se definió como una quiebra de la personalidad, una dispersión del mecanismo síquico de la mente y un distanciamiento pronunciado de la realidad.
Y hoy con profundo dolor y agradecimiento quiero recordar al amigo Walter, que se pasaba la mayor parte del día inmovilizado en una silla de extensión,  en evitación de que se cayera al piso, mientras su único movimiento era un golpe brusco con la pierna izquierda acompañado de un sonido gutural confuso e inentendible que surgía de su garganta.
En mis visitas cotidianas a Walter recuerdo que entablaba con él monólogos cortos amistosos, que él siempre agradecía con una sonrisa tierna y una mirada bondadosa.
Walter no hablaba y llevaba más de cuarenta años padeciendo de catatonia. Por eso confieso que nunca podré olvidar su expresión misteriosa de vida cuando entraba a saludarlo a su habitación. Tampoco pude explicarme el por qué Walter se aquietaba mientras yo le dirigía la palabra.
Pero no hacían faltas palabras de respuesta, pues en su mirada precisa y atenta, aún siento todo el calor humano de su amistad y de su naturaleza enferma, aunque confieso que hubiese preferido escuchar su voz quebrada de tanta soledad.
Definitivamente la esquizofrenia es una enfermedad aniquilante y aterradora. Y hay que decir que los progresos de la ciencia para vencer los síntomas y las causas de esta dolorosa enfermedad han sido lentos y poco alentadores.
Sólo algunos casos muy aislados han podido superar los síntomas catastróficos de la catatonia y por ende de la esquizofrenia.
Hoy quiero compartir con mis amigos lectores la tristeza por el fallecimiento de mi amigo Walter, que me hace revivir el recuerdo de mi madre en su lecho de muerte.
También quiero pedir a Dios para que se haga posible algún día que la ciencia encuentre un medicamento que integre a estos enfermos a la vida real.
Adiós Walter, aunque espero verte nuevamente en ese maravilloso mundo de espiritualidad eterna reservado para todos.
Allí hablaremos entonces el verdadero idioma universal, que es el del amor fraterno.
Y perdóname amigo, porque no tuvo valor para volver a visitarte una vez que mi madre falleciera.

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