Arthur Teele mereció más respeto

Escrito el 01. ago, 2005. Por , en Sociales

(publicado por el Diario Las Américas)

El periodismo no puede ser un escenario para deformar los hechos, ni para convertirlos en un carnaval de sensacionalismos ofensivos a la dignidad de la persona humana, independientemente de que esa persona sea una figura pública que haya cometido errores.

Tampoco el periodismo debe ser un arma noticiosa para optar por la calumnia y la conducta grosera del sectarismo o la parcialidad, aunque algunos medios lamentablemente lo practiquen así.

La ética del periodismo exige que los medios informativos sean eco transparente del acontecer y no eje bullanguero y arbitrario de los hechos que acontecen.

No será fácil para la comunidad de Miami superar el trauma lógico, el dolor humano y las consecuencias que se desprenden del suicidio inesperado del ex-comisionado Arthur Teele en el “lobby” del periódico más importante de la ciudad.

Siempre que un ser humano se suicida, en cualquier rincón del mundo, parece como que si se abriese una pausa angustiosa inevitable en el andar quejumbroso de toda su comunidad.

Teele enfrentaba 26 cargos graves de corrupción, incluido uno de lavado de dinero, pero todo estaba dentro de un proceso judicial que había que concluir por la vía probatoria.

Además, Teele parecía acosado por problemas financieros muy agudos.

Pero el principio intocable de la “presunción de la inocencia” y la objetividad que impone la ética periodística, obligaban a considerar a Teele inocente de todos los cargos que se le imputaban, hasta tanto no concluyera el proceso judicial.

Por ello debemos decir que nos pareció incorrecto, de mal gusto y manipulador el reportaje preñado de gráficas tendenciosas del semanario THE NEW TIMES, que curiosamente salió publicado el mismo día del suicidio del ex comisionado.

Un reportaje periodístico de este tipo debió dar la oportunidad a Arthur Teele de argumentar a su favor y nunca debió publicar gráficas que distorsionaran imágenes, ni revelaran rumores especulativos sucios, que lo más posible es que estén muy distantes de cualquier credibilidad.

Por otra parte, también debemos comentar, que nos pareció inusual y extraño que un medio de la excelencia ética y profesional de The Miami Herald publicara en su portada la foto del cadáver de Arthur Telle tendido en el suelo, mientras su cabeza moribunda descansaba en un charco de sangre.

El periodismo gráfico o las gráficas usadas por el periodismo escrito deben tener siempre mucho cuidado en no lesionar ni agravar los sentimientos de la comunidad con exposiciones que provoquen perplejidad y molestias ante hechos ya de por sí dolorosos y desagradables.

La foto de Teele tendido moribundo en el suelo con el charco de sangre nos pareció sensacionalista y lesiva a la dignidad de su persona, lesiva a la dignidad de su familia y lesiva a la dignidad de la propia comunidad.

Tan es así, que el propio Tom Fiedler, editor ejecutivo de The Miami Herald, puso una nota al pie de grabado de la foto, reconociendo que podría ser desagradable y molesta para algunos lectores.

A todo lo anterior se suma la actuación del polémico reportero de The Miami Herald y antiguo reporte del The New Times, Jim DeFeede, que cometió la imprudencia violatoria de grabar la conversación que sostuvo con Arthr Teele.

Por esa razón DeFeede fue despedido del The Miami Herald inmediatamente.

Definitivamente que Arthur Teele, un héroe de la guerra de Viet-Nam y un político querido por su comunidad, debió ser tratado de forma más humana y respetuosa por algunos medios informativos, porque hasta los condenados a muerte más renombrados o los hombres públicos pendientes de casos de corrupción, tienen una dignidad como persona humana, que debemos respetar celosamente.

Confiemos que la muerte de Arthur Teele provoque una conmoción reflexiva que profundice en los móviles de la corrupcion y en la importancia de aplicar los fundamentos de la ética periodística ante el acontecer cotidiano.

De la tragedia dolorosa de Arthur Teele se derivan muchas lecciones, pero tal vez la más importante, es que la vida es efímera y que en ese instante íntimo de morir siempre puede estar implícito el misterio misericordioso de Dios.

Deseemos paz para su familia atribulada, paz para su comunidad inseparable y paz para sus adversarios.

Descanse en paz Arthur Teele.

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