Yihad versus Islam

Escrito el 12. jul, 2005. Por , en Sociales

(publicado por Diario Las Américas)

http://medias.lemonde.fr/mmpub/edt/ill/2005/07/07/h_3_ill_670681_kings_cross.jpgUna parada en el camino es siempre saludable para hablar en voz reflexiva y ver con más claridad a las nubes que corren veloces.
Para entender en todo su salvajismo el terrorismo islámico de Yihad, cuyo objetivo más reciente han sido los humildes ciudadanos londinenses que se dirigían a sus respectivos centros de trabajo en Londres, es importante resaltar que estamos ante una manifestación cultural que odia la modernización y que por supuesto considera que la democracia al estilo occidental con sus niveles de vida es una ofensa a la memoria fundamental de su dios Alá.
Por eso es vital para cualquier análisis histórico, que se tenga en cuenta que el problema del terrorismo islámico es un fenómeno cultural más que ideológico, lo que hace que su solución sea mucho más compleja.
Cuando el comunismo de desplomó en la Unión Soviética y en toda la Europa del Este, se vino abajo una estructura ideológica errónea viciada por una visión represiva de la historia, que a su vez fue uno de los motores generadores de la Guerra Fría.
Pero en el fondo de la verdad, la cultura de esos países, nunca estuvo en consonancia con los desafueros ideológicos de Marx, de Lenin o de Stalin.
Hoy a nadie se le ocurriría reimplantar la represión salinista en Moscú o en Budapest. Y cuando Fidel Castro desaparezca del escenario cubano, que podría ser muy pronto, a nadie se le ocurrirá encarcelar a un poeta por escribir versos de libertad o fusilar a tres humildes ciudadanos de la raza negra por intentar huir del país.
Por toda esta razón ideológica es que resultó relativamente fácil que se instaurara la “democracia” en toda la Europa comunista, como un cuerpo ideológico más moderado, participativo y acorde con las aspiraciones de libertad de esos pueblos oprimidos.
 Pero cuando el problema y la confrontación tienen un desencadenante cultural, como es el caso del terrorismo islámico, el conflicto obviamente se enraiza con más fuerza y pasión dentro del conglomerado social.
Dentro de la cultura islámica se han venido definiendo dos grandes corrientes de pensamiento: Una corriente moderada que se fundamenta en las nociones de comunidad (umma), entendimiento (shura) e interés público (al malasha). Esta es la corriente cultural islámica que mantiene abierto un diálogo franco con occidente, no tiene desaprensiones con la democracia, y expresa sin reservas sus respetos milenarios por la Virgen María.
La otra corriente dentro de la misma cultura islámica son las tribus de la Yihad que se apoyan en la violencia irracional para golpear y atemorizar al enemigo occidental y a sus aliados.
De esta corriente salieron los terroristas que atacaron las Torres Gemelas en Nueva York y que protagonizaron los ataques recientes en Madrid, Casablanca, Arabia Saudita  y Londres.
Aunque debemos reconocer que estas dos corrientes culturales dentro del mundo islámico están en permanente confrontación bélica, ninguna de las dos muestra el apego del occidente europeo y norteamericano al esquema de democracia representativa que conocemos.
Al Qaida y Bin Laden son la representación más genuina de una organización y de un dirigente dentro de esta estructura islámica del Yihad que odian irracionalmente todo vestigio de occidentalización.
¿Pero que podrían hacer los países civilizados para neutralizar y derrotar la furia sin rostro de estos enemigos implacables que matan indiscriminadamente a inocentes ciudadanos sólo por el odio visceral que expresan y sienten ante el progreso y la modernización?
La respuesta es sumamente compleja cuando sabemos que entre las grandes ciudades del mundo occidental, como Londres, París, Nueva York, Madrid, Copenhague, Barcelona, Berlín, Roma, Washington y Praga, por citar sólo algunas urbes del planeta, viven aproximadamente casi dos millones de musulmanes, de los cuales un porciento minoritario debe compartir esa cultura del odio y la destrucción que fundamenta el terrorismo del siglo XXI.
O sea que al enemigo terrorista lo tenemos dentro de la casa.
Frente a esta violencia terrorista contemporánea, cuyo único sello de identidad es el odio irracional hacia el mundo civilizado, caben varias reflexiones oportunas:
Primero, el mundo en que vivimos tiene sed de justicia, ya que las dos terceras partes de la humanidad viven sumidas en la pobreza más extrema. Y parte de esa pobreza la padece intensamente el mundo musulmán.
Segundo, si la democracia es un acto de soberanía permanente, no caben por parte del mundo civilizado, excepciones de discriminación.
Y tercero, si Dios es un acto de amor infinito, estamos obligados a amar con pasión de aldeanos a toda la humanidad. No hay espacio para términos medios o excepciones mediatizadas.
El terrorismo se nutre de estas fuentes de insatisfacción universal que andan dispersas por todo el mundo, que nosotros mismos, en ocasiones involuntariamente alimentamos con nuestra indiferencia ante la injusticia.
Para neutralizar el terrorismo del Yihad islámico y derrotarlo, tenemos que aliarnos estrechamente con esa cultura del mundo islámico civilizado que comparte con nosotros el amor a Dios y el respeto al ser humano.
Y esta actitud debe conllevar un acto de humildad y otro de solidaridad: La humildad para enterrar las viejas rencillas religiosas de siglos atrás que nos enfrentaron a ese cultura milenaria.
La solidaridad para colaborar con ellos activamente en pro de erradicar la pobreza, la discriminación y el atraso que se padece en gran parte del mundo musulmán.
Y juntos entonces, tal vez encontremos un antídoto para entender y desarticular a un enemigo resentido y sanguinario.
Cualquier otro camino, cuyo medio sea la violencia por sí misma, puede ser efímero y riesgoso. El Yihad islámico tiene fundamentos de cultura y las culturas se arraigan con pasión de espanto.
Unamos fuerzas con la cultura islámica que cree en el entendimiento y la convivencia. Entonces veremos que el Yihad puede ser neutralizado y hasta convertido.
La violencia, aunque tenga impulsos de cultura, es una exteriorización antinatural y hasta forzada, por lo que siempre habrá espacios para la conversión del terrorista.
Hasta aquí llega hoy mi reflexión y sigo contemplando las nubes presurosas.
Finalmente evocó una oración a Dios por todos.

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