Alabado seas

Escrito el 19. jun, 2015. Por DORA AMADOR, en Temas de Opinión

Alabado Seas

 

Alabado seas, Francisco, por la extraordinaria encíclica que nos has escrito y hecha pública ayer, en defensa de la Creación, y con total entereza, como siempre, valiente y honesto, has señalado a los seres humanos como los principales responsables del deterioro del planeta por causa de la contaminación del medio ambiente y el calentamiento global. Las razones que se interponen en la solución del peligro que sufre todo lo viviente, son los indiferentes, los resignados y los más temibles: los multimillonarios de la industria de combustibles fósiles.

Alabado seas, porque escogiste los hermosos versos del Cántico de las Criaturas, escritos por San Francisco de Asís en 1225 para titular tu magnífica reflexión sobre la ecología, Laudato si (“Alabado seas”). Sobre el cuidado de la casa común.

No es de extrañar que esta encíclica causara tal expectativa en el mundo, sobre todo en Estados Unidos, el mayor contaminador, junto a China, debido a los intereses de las industrias vinculadas con el petróleo, que temen la influencia de Francisco, hoy una respetada autoridad moral.

El papa se ha propuesto cambiar los sistemas y las leyes que rigen la actual cultura del descarte y de una economía de exclusión.

La Tierra “clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes.

Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”, dice el Santo Padre en su encíclica.

Aquí, que la polémica ya estaba en llamas y con los sables de los intereses creados desenvainados por la propuesta de la Agencia para la Protección Ambiental de Estados Unidos titulada El plan de energía limpia, una oportunidad histórica para reducir la contaminación de dióxido de carbono, la fuente más grande las emisiones de calentamiento y cambios climáticos en EEUU, ahora estalló con el mensaje “a todos los hombres de buena voluntad” de Francisco.

Marco Rubio, que dice ser católico, ha afirmado que “los seres humanos no son responsables del cambio climático”. Jeb Bush, que, como Rubio, se considera “católico”, ha expresado cínicamente: “Creo que la religión debería ser más acerca de cómo hacernos mejores personas y menos acerca de las cosas que se inmiscuyen en el ámbito político… El Papa Francisco debe mantenerse alejado de los asuntos mundiales”.

Es entendible, Jeb Bush unió fuerzas con la industria del carbón, que le da cantidades enormes de dinero para su campaña electoral.

Pero sigamos citando el grandioso documento que ciertamente debemos leer todos, no solo los cristianos o creyentes de otras religiones, que por cierto, han expresado su apoyo al papa: cristianos evangélicos, ortodoxos, el Dalai Lama, budistas, etc.

Quiera Dios, inspirador de Laudato si, que la humanidad tome conciencia del peligro inminente que corre la Tierra.

Termino compartiendo una de las oraciones que escribió Francisco para cerrar la encíclica:

“Oración por nuestra tierra

Dios omnipotente,/ que estás presente en todo el universo/ en la más pequeña de tus criaturas,/ Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, /derrama en nosotros la fuerza de tu amor /para que cuidemos la vida y la belleza. /Inúndanos de paz, para que vivamos /como hermanos y hermanas /sin dañar a nadie. /Dios de los pobres, /ayúdanos a rescatar /a los abandonados y olvidados de esta tierra /que tanto valen a tus ojos. /Sana nuestras vidas, /para que seamos protectores del mundo /y no depredadores, /para que sembremos hermosura /y no contaminación y destrucción. /Toca los corazones /de los que buscan sólo beneficios /a costa de los pobres y de la tierra. /Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, /a contemplar admirados, /a reconocer que estamos profundamente unidos /con todas las criaturas /en nuestro camino hacia tu luz infinita. / Gracias porque estás con nosotros todos los días. /Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha /por la justicia, el amor y la paz”.

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