Opinando sobre la opinión

Escrito el 07. feb, 2012. Por , en Temas de Opinión

Yo preferiría que la sección se llamara “Criterios”. Acepto que en los tiempos en que vivimos, los que auspician el sitio, correrían el riesgo de que todos nos abstuviéramos de escribir, y la sección permaneciere eternamente sin contribución alguna, porque el vocablo criterio, ha desarrollado cierto sabor a compromiso, a juramento racional.

Pero en fin, hablemos de lo que la opinión es o debiere ser:

Al margen de la acepción oficial de los vocablos, estos van evolucionando paulatinamente, incluso a veces, hasta llegar a significar lo contrario de lo que representaban anteriormente.

Actualmente opinar, casi, o tal vez siempre, significa sencillamente expresar una preferencia. Y tal vez luego, argumentarla ligeramente; sustentando la argumentación no con razonamientos, sino con más preferencias.

La cuestión, que parece, o al menos se puede enfocar jocosamente, tiene tan profundas causas, que concienciarlas, es cosa vital para una existencia más cristalina.

Hay un hecho tremebundo que muy pocos detectan. La realidad llega a nosotros, no virgen, sino adulterada, pre-interpretada, como producto final mercadeado por  la industria manufacturera de realidades socio políticas, en que se han convertido los medios de publicación, tanto los informativos como los publicitarios.

En ocasiones, soy víctima de la sospecha de que las vanguardias anticipatorias del futuro que nos antecedieron, son perniciosas, y cuanto más acertadas, más perniciosas. El dilema socio existencial que enfrentamos hoy, fue expuesto, de forma muy simple, por un grupo de intelectuales, casi unos treinta años,  y en algunos casos, más atrás todavía. Ejemplos: McLuhan, con dos libros: “Leyes de los medios de comunicación” y “La aldea Global” y Alvin Toffler, con “El shock del futuro”. Anteriores: Aldous Huxley con: “Un Mundo Feliz”, y Orwell, con “1984”.

Olvidemos por el momento a estos gurúes del pasado que anticiparon exitosamente nuestro presente. Regresemos a lo que hay de importante en el acto de opinar:

Dijo Ortega y Gasset (otro anticipador, como los anteriores, pero que exige cierto esfuerzo para descifrarlo) que: “el yo no es el que piensa, sino el que piensa que pienso”.

En otras palabras, que hay un “yo” amanuense, operativo, que se encarga de lidiar intelectualmente con la realidad, pero hay una conciencia previa, superior, que tiene como función servir de observador ético del yo oficioso  que tiene como tarea interpretar la realidad, y además, trazar una conducta cónsona con esa interpretación.

Conclusión: Conocemos al mundo a través de las opiniones que nos suministramos a nosotros mismos,  de ese mundo.

El yo primordial, se alimenta de las opiniones que el yo ejecutivo le suministra. Puede que el primero asuma una actitud cómoda de canallita, que dé por buenas las opiniones que el otro le provee, desatendiendo, por la peor de las perezas, la del espíritu, su función de veedor moral. Llevará una vida fácil, sin esfuerzos, pero falsa, no conocerá su mundo, sino el mundo de otros, que ofertaron su visión del mundo en el mercado de opiniones, y que el yo ejecutivo adquirió allí, también por facilismo.

Asumir la opción del canallita tiene sus ventajas, podemos pasar  inadvertidos en un mundo, que se caracteriza por lo canallesco que es. Ya no hay una universal repulsa para las canalladas, actualmente se discute, se argumenta su derecho a ser. Los que pertenecemos a la generación anterior, tenemos dificultades serias, no estamos preparados para rebatir racionalmente las canalladas. En nuestro tiempo, bastaba señalarlas para que fueran repelidas a priori. Mientras, los que las defienden, disponen de un arsenal de argumentos adquiridos en el mercado de opiniones,  surtido por los señores del Poder,  de  fácil acceso para sus cómplices. Lo canallesco, es intrínseco y no circunstancial. Es ignorar la condición humana, cuando la condición humana se viola.

A pesar de que tiene sus ventajas, cargar con la conciencia de que somos canallitas, no es un sentimiento fácil de carga en la conciencia. Queda no obstante, una opción más llevadera. Podemos ser cobardes.

¿Por qué dar un paso al frente y denunciar la iniquidad, si los demás no lo hacen? ¿Por qué provocar que nos aparten condenándonos a la soledad, por no participar en el consenso? Sobrevivir sin inconvenientes mayúsculos, es una consigna diaria de nuestro existir, o más bien, de nuestro inexistir.

Hay, por suerte, una tercera alternativa: Se puede ser imbécil. Mientras que la cobardía y la canallada son opciones selectivas, que se pueden escoger, la imbecilidad es impuesta, inamovible. Claro, que se puede ser canalla o cobarde, simplemente porque la imbecilidad no nos deja concienciar el matiz que caracteriza a estas posturas. La conciencia a veces, necesita un empujón.

Una opinión valida, es aquella que proporciona un empujón a las conciencias, a veces, hasta a la conciencia propia.

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Un comentario a “Opinando sobre la opinión”

  1. Alberto Muller

    07. feb, 2012

    Le damos la más cordial bienvenida al escritor cubano Pedro Fraga, en la inauguración de esta nueva sección en Para leer si queda tiempo.

    Me alegra que Pedro haya comenzado discrepando del título de la Sección.

    Dicen algunos ‘que discrepar es de sabios’.

    Un abrazo