Cuba ante una crisis sin precedentes
Al comunismo castrista no le faltaron los subsidios, en las primeras décadas de su existencia política, de la Unión Soviética, y ahora de Venezuela, que le permitieron ciertas gratuidades en el campo de la alimentación, de la salud y de la educación.
Pero durante 50 años, el sistema no ha sido capaz de estimular la pujanza productiva y cultural de un país con ansias de libertad, y hoy Cuba se hunde en una pobreza sin precedentes, porque el férreo sistema estatista no estimula la creación de riquezas.
Eso hace que el país no tenga herramientas de producción para hacer frente a la crisis financiera y económica que golpea al mundo actual.
Esta crisis la resumió con estupenda visión histórica, el intelectual cubano Dagoberto Valdés, director de la revista ‘Convivencia’, cuando escribió recientemente: ‘Cuba, un país en fuga. Desde hace 50 años Cuba dejó de ser un país receptor de inmigrantes y fue convertida en una nación en fuga. Cuba es una nación que se desangra sin parar. El desarraigo es, quizá, el fruto más visible de los 50 años de gobierno totalitario. La fuga es la actitud, el método y la “solución” para cientos de miles de cubanos.
También la bloguera cubana Yoani Sánchez, con su certeza y genialidad acostumbra, dijo, que Cuba era una cárcel grande, con una frontera ideológica y partidista. (Vea el video ante la negativa de Inmigración cubana de permitirle viajar a Nueva York a Yoani Sánchez, a recibir el premio periodístico Moors Cabot de la Universidad de Columbia).
Esta realidad explica el desastre actual de Cuba.
(Lea el artículo de Mauricio Vicent, publicado en El País de España.)
‘Cuba ya no puede repartir comida ‘
Más del 70% de los cubanos han vivido bajo el sistema de racionamiento desde que nacieron. La famosa libreta de abastecimiento, en vigor desde 1962, garantiza al mes a cada uno de los 11 millones de habitantes de la isla: 3,5 kilos de arroz; 2,5 kilos de azúcar; medio kilo de frijoles; 230 gramos de aceite; 10 huevos; 460 gramos de pollo; 460 gramos de espagueti, 230 gramos de picadillo de soja (o sustituto), además de 115 gramos de café y un pan diario. Para los niños menores de siete años también incluye un litro de leche al día. No es mucho, pero durante casi medio siglo esta mini cesta básica subvencionada -todos estos productos cuestan menos de un euro, al cambio- fue símbolo del igualitarismo de la revolución.
Sin embargo, los tiempos cambian… En medio de la crisis actual, la cartilla de racionamiento se ha convertido en un fardo demasiado pesado para el Gobierno de Raúl Castro, que trata de apuntalar un modelo de economía socialista “sustentable”, basado en la lógica de los números y no en sueños imposibles. Cuba importa más del 80% de los alimentos que consume y, en las actuales circunstancias, la subvención de los productos de la libreta supone al Estado más de 800 millones de dólares. La cuenta no da. Y el realismo raulista lo ha hecho saber por activa y por pasiva.
Desde que asumió formalmente el poder, el 24 de febrero de 2008, Raúl Castro ha expresado que la libreta de racionamiento, al igual que otras “gratuidades y millonarios subsidios”, resultan “irracionales e insostenibles”. “Ningún país puede gastar indefinidamente más de lo que ingresa”, ha dicho en varias oportunidades.
El mismo discurso es repetido desde hace meses en los medios de prensa oficiales, y en diarios como Granma es rara la semana que no se publican cartas de opinión de los lectores sobre el tema de la cartilla. Hasta el director del rotativo, Lázaro Barredo, diputado y miembro del Comité Central del Partido Comunista, publicó esta semana un encendido editorial contra los “vicios del paternalismo”, en el que aboga por el fin del racionamiento subsidiado. “La libreta de abastecimientos fue una necesidad en un momento determinado, con sus actuales atributos se convierte en una impedimenta dentro del conjunto de decisiones que la nación tendrá que asumir”, afirma Barredo, para quién “la justicia social no es el igualitarismo, es la igualdad de derechos y oportunidades”.
A principios de mes, las autoridades comenzaron a experimentar la primera medida-mordisco a los subsidios. A modo de prueba, en cuatro ministerios -el de Trabajo y Seguridad Social, Finanzas y Precios, Economía y Planificación y Comercio Interior- se cerraron los comedores obreros y a cambio se empezó a dar a cada trabajador 15 pesos diarios (unos 70 céntimos de euro) para que se busquen el almuerzo por su cuenta. En Cuba hay 25.000 comedores obreros, donde cada día comen 3,5 millones de trabajadores, algo que le cuesta al Estado 350 millones de dólares, según cifras oficiales. La idea es extender la medida a todos los centros de trabajo.
Dentro de esta lógica de eliminación de subsidios, la cartilla de racionamiento tiene los días contados, opinan la mayoría de los expertos. “La libreta va a desaparecer, de eso no hay duda. Pero la precariedad actual es tal que el Gobierno no lo puede hacer de golpe, pues dejaría tirada a media isla”, asegura un economista.
Las autoridades lo saben. El salario medio en Cuba es de 415 pesos, aproximadamente 13 euros al cambio. En Cuba, es cierto, la salud y la educación son gratuitas -otra cosa es su calidad-, el precio del agua, el gas y otros servicios están subsidiados, y la libreta garantiza un mínimo que alcanza para 10 o 12 días. “Pero luego vas a la shopping, tienda de divisas] y te cobran por un litro de aceite el salario de una semana y otro tanto por un pomo de champú”, dice Virginia, una licenciada en biotecnología. “¿Qué va a hacer un jubilado que gane 200 pesos al mes si le quitan la libreta?”, se pregunta.
Por lo dicho hasta ahora entre líneas parece clara cuál será la estrategia: subvencionar a las personas que más lo necesitan y eliminar el racionamiento para el resto. Pero economistas independientes como Óscar Espinosa Chepe ponen el dedo en la llaga: antes hay que hacer algunos deberes, como eliminar la doble moneda y lograr que el salario recobre valor real… Para generar riqueza no basta ahorrar, hay que producir; y es bueno recordar que en Cuba entre el 60% y el 70% de los alimentos lo producen los campesinos privados, que disponen del 20% de las tierras.
¿Por qué no se cooperativizan ciertos servicios que el Estado es incapaz de ofrecer con calidad? ¿Y por qué no se dan mayores márgenes a la iniciativa privada?, se preguntan Chepe y otros muchos. Y es que la cartilla desaparecerá… y las reformas serán cada vez más urgentes.






3 Respuestas a “Cuba ante una crisis sin precedentes”
Ileana Fuentes (2) en Oct 17, 2009 | Replicar
La libreta de racionamiento -eufemísticamente llamada “de abastecimiento” -ya se entiende en la jerarquía insular como un impedimento.. pero la pregunta es: “Un impedimento a qué?” ¿A la libre disponibilidad de alimentos sin restricción? Obviamente, Cuba está muy lejos de eso. Por eso hay que observar los acontecimientos con cautela. La libreta no va a desaparecer ni mañana, ni el mes que viene… porque como bien dice Oscar Espinosa Chepe, media isla quedaría en el umbral de la hambruna. Las características actuales de las que habla Lázaro Barredo tienen más que ver con la universalidad de la libreta: todo el mundo, toda familia, en Cuba tiene una libreta. Es eso, en nuestra opinión, lo que se irá pronto al traste. Porque en la evaluación de estas medidas económicas necesarias, ya la jerarquía recolucionaria debe haber determinado que no todo el mundo hoy por hoy necesita una libreta. Ellos mismos crearon la dicotomía entre los que tienen, y los que no tiene, o dicho más exactamente, entre los que reciben (de afuera) y los que no reciben. El grave problema es cómo le plantea el gobierno socialista a 11 millones de cubanos la definición de la pobreza a partir de la cual poder quitar la libreta. La ONU establece que quien gane menos de un dólar diario, vive en niveles de pobreza. Ahí está el dilema que enfrenta el gobierno cubano: el tener que admitir que más del 85% de la población vive POR DEBAJO de los niveles de pobreza, ya que el salario general fluctúa entre $0.63 and $0.89 de dólar diario. Los cubanos viven a nivel de Bangladesh, con todo y el alfabetismo, carreras técnicas y universitarias, y todos los demás supuestos logros. ¿Cómo se le confiesa desde el Poder a un pueblo que se le tiene a niveles de miseria?
La gente lo sabe, de eso no hay duda, pero otra cosa es decírselo en la cara desde la tribuna. A quienes se les va a retirar la libreta en la primera vuelta es a aquellos que el gobierno determine que no necesitan “la generosidad de la revolución”:
1. quienes reciben remesas familiares del exterior;
2. quienes trabajan en sectores especiales como el turismo y reciben o tienen acceso a dólares;
3. los cuentapropistas que tanto hostiga el gobierno por considerarlos avaros capitalistas;
4. quienes viajan al extranjero, incluso los que van en misiones internacionalistas, porque reciben estipendios en dólares;
5. y los máximos hostigados, y en opinión del régimen, los máximos privilegiados: la disidencia, los opositores, las familias de los presos políticos, cualquiera que ellos consideren esté en “la plantilla del enemigo”.
Eso deja a un 80-85% de la población por debajo de los niveles pobres de Naciones Unidas.
El impacto no será el de una hambruna. Es a otro nivel: el que suceda en la percepción del 85% que NO tiene, que no podrá resolver aún con la libreta que le dejen, cuando comparen lo que pueda adquirir en el mercado no-racionado quienes no tengan libreta. ¿Qué hará el pueblo ante esa flagrante desigualdad?
Los planificadores cubanos no son tontos. No son capitalistas, por lo que no pueden planificar más allá de las coordenadas socialistas, como dice Chepe. No ven que las reformas no se pueden implementar, porque la infraestructura económica dada no permite dichas reformas. Raúl Castro sí lo sabe. El relativo éxito de las empresas mixtas del MINFAR radica en que se reformaroan o montaron a partir de contabilidad y planificación capitalista de mercado. Pero reformar lo que sucede en la bodega de la esquina es otro universo, algo así como querer encajar un círculo en el perímetro de un triángulo. Y como no son tontos, comenzarán a retirar la libreta selectivamente, para que nada se les vaya de las manos. Eso es lo que hay que observar, a partir de lo que comienza a suceder con el cierre de los comedores obreros en los cuatro ministerios mencionados en el artículo. Dicho sea de paso, la mayoría de los empleados de estos ministerios son mujeres y afrodescendientes, lo que obliga a mirar también este problema a partir de ópticas de raza y género. Ése también es el reto, del lado de acá.
Raul Vasquez (1) en Oct 19, 2009 | Replicar
Me pregunto si Fidel, Raul y el resto de zatrapas cuentan con una Libreta de Racionamiento o si comen a boca llena, a todas horas y en todo el dia.
Exijo una explicacion
Roberto Varona (1) en Oct 19, 2009 | Replicar