La escritora Olga Connor opina sobre Hillary Clinton

Escrito el 06. nov, 2016. Por , en Otros

El acoso de los machos políticos
El problema que tiene Hillary Clinton es que no se llama Hillaro.

Yo lo sé muy bien. Mi vida laboral ha estado teñida por el acoso en todos los sentidos. De joven era el sexual, el territorial y el competitivo, más tarde fue el “bullying”, la envidia, el designio machista de los hombres en el acorralamiento. Mantente en tu sitio. Tu sitio no es el de dirigir, tu sitio es el de “la pata quebrada y en casa”.

Ha sido difícil prevalecer, para mí y para muchas mujeres, pero me basé en el aprendizaje dentro del movimiento feminista de los años 1970. Pertenecí de estudiante al grupo de Mujeres en la Comunidad Académica, el cual logró que por primera vez una mujer pudiera convertirse en catedrática en la Universidad de Pennsylvania, en el año 1971, donde más del 50 por ciento de las estudiantes eran mujeres y todos los catedráticos (profesores permanentes) eran hombres. ¿Qué clase de modelo para las jóvenes estudiantes era ese?

“Las elecciones de 2016 son, entre otras cosas, un referendo nacional sobre el tratamiento de las mujeres. Y ha sido Donald Trump, no Hillary Clinton, quien las ha hecho de ese modo”, ha escrito Charlotte Alter en Time –en la Internet del 3 de noviembre.

Esta es la primera elección en Estados Unidos en que hay una mujer candidata a la presidencia y es también la primera en la que se ha visto el mayor acoso contra una mujer en todos los sentidos, el humano, el laboral y el legal, lo que es una forma de observar en dimensión nacional la clase de tratamiento al que se somete a las mujeres en este país. Porque no son solamente de orden sexual, los hay de insinuaciones, de reprimendas en público en el área del trabajo (bullying), de las condiciones diferentes para los hombres que para las mujeres. Y todo tiene que ver con una regla establecida, probablemente desde la era del neolítico, que es la del imperativo territorial. Los hombres no están contentos de que nos hayamos metido en su terreno.

EL ACOSO A LA MUJER ESTÁ BASADO EN UNA SITUACIÓN DE FUERZA. SOBRE TODO SI LA MUJER MUESTRA CIERTO PODERÍO, ALGUNA INTELIGENCIA Y PROPÓSITO LABORAL

El señor James Comey, director del FBI, es típico. Se supone que él haya dudado de lo que iba a hacer, cuando envió una carta al Congreso el viernes 28 de octubre sobre la idea de abrir de nuevo lo que antes había considerado cerrado: la investigación de los correos electrónicos de Hillary Clinton. Según informes anónimos, había ocurrido una discusión en el FBI entre 10 oficiales, abogados y miembros, y las opciones habían sido discutidas. Pero, al final, Comey sintió que las guías del Departamento de Justicia de no hacer declaraciones sobre ninguna investigación que pudiera afectar las elecciones no eran relevantes en esta denominada por él “situación extraordinaria”.

El caso ha surgido, como se sabe, porque el ex esposo de la asistenta de Hillary, Huma Abedin, el ex congresista Anthony Weiner, ha estado siendo investigado a través de su computadora, en la que aparentemente se han encontrado correos de la candidata presidencial a su secretaria.

Comey ha infringido una regla muy importante del Departamento de Justicia, que nos hace recordar a su siniestro antecesor J. Edgar Hoover. Porque lo que ha manejado son insinuaciones, no tiene nada en concreto. No sabe nada de esos correos.

Trump, en todas sus presentaciones, le ha dado las gracias a Huma. Es un modo de desafiarla y con ello a su empleadora. La está llamando traicionera o estúpida. Como antes hizo con la periodista Megyn Kelly, diciéndole que le salía sangre por los ojos y por todos lados. Aludía, como tantos jefes en el pasado, a la menstruación femenina para acusarlas de agresión, porque le molestó la pregunta que le hizo en el debate presidencial. A Hillary la ha mancillado en múltiples ocasiones llamándola “nasty”, sinónimo de despreciable y repugnante. Su eslogan ha sido “que la metan en la cárcel”, sin tener razones verdaderas de justicia para decirlo, y es una calumnia que repiten sus seguidores. Trump ha llevado los epítetos y motetes hasta el colmo de la depravación.
Tampoco Comey tuvo una acción correcta al principio, cuando no pudo enjuiciar legalmente a Hillary, porque la enjuició moralmente, sin tener por qué, llamándola imprudente, como si ella no hubiera tenido derecho a emitir sus correos. Si sus correos fueran ilegales, habría que ir tras Colin Powell también, y averiguar cuántos correos digitales clasificados él envió por el servicio público de America Online, aol.com, mientras era Secretario de Estado. En paridad, él fue quien insistió en usar correos digitales, y por tanto es un precedente.

En septiembre, el congresista demócrata Elijah Cummings declaró en una audiencia de la Cámara que “la Secretaria Clinton ha entregado unas 55,000 páginas de correos electrónicos, mientras que el Secretario Powell no ha entregado ninguno”, indicando que era una persecución a Hillary porque ella se postuló para presidente. (En Político, artículo de Josh Gerstein)

Trump ha asaltado a todas las mujeres cuando ha dicho que les puede hacer cualquier cosa, agarrarlas por la entrepierna inclusive, sin que ellas lo deseen, y luego lo describió como un alarde. Llamó luego mentirosas a sus acusadoras, que confirmaron que eran verdaderos los asaltos de que había hablado.

El acoso a la mujer está basado en una situación de fuerza. Sobre todo si la mujer muestra cierto poderío, alguna inteligencia y propósito laboral. Hay ciertos hombres que se sienten obligados a empujarlas al desaliento y la resignación, y Comey y Trump son dos de ellos. No en balde Trump dijo, al final de un debate con Hillary, que lo que admiraba en ella era su persistencia, su determinación. Otras en su lugar hubieran desistido. El hombre es más fuerte físicamente, y cree que por eso tiene la razón de dominar a la mujer mentalmente. Es psicológico. La quieren tratar como un objeto, no como un ser pensante que merece ganar.

Pero estamos en el siglo XXI y es hora de actuar de otra manera. Por las madres, esposas, hijas, sobrinas, hermanas, y por los hombres que, aunque sean republicanos, han rechazado de plano el “trumpismo”.

olconnor@bellsouth.net

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