Lula: de metalúrgico a cómplice
Escrito el 01. mar, 2010. Por Alberto Müller, en Otros
(Artículo publicado por Diario Las Américas)
El presidente Lula no merece, después de una vida entregada a su familia, a la vida sindical y al activismo democrático, concluir su periplo político de cómplice de Raúl Castro en un crimen despreciable.
No pudo ser más desafortunado e inoportuno el viaje del presidente Lula da Silva a La Habana, a unas horas de la muerte del disidente cubano Orlando Zapata Tamayo, cuyo responsabilidad íntegra, recae en pleno sobre el régimen de Raúl Castro.
Debo decir que he seguido, desde hace años, la trayectoria sindical y democrática de Luiz Inácio Lula de Silva. De humilde limpiabotas, se convirtió en mecánico de una tintorería y posteriormente por medio de una beca, se hizo obrero metalúrgico.
Muy pronto fue elegido Lula presidente del sindicato metalúrgico de San Bernardo do Campo y comienza entonces a organizar el Partido de los Trabajadores.
Aunque fracasó en dos ocasiones, como aspirante a la presidencia de Brasil, en octubre del 2002 es elegido y asume el cargo de presidente a principios del 2003.
Para muchos observadores, Lula representó una nueva era en la política latinoamericana, de cerrar el camino a las dictaduras militares y consolidar la democracia del pueblo brasileiro.
Ese año del 2003, Lula también recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.
Su gobierno se ha caracterizado por resultados económicos tangibles, como una tasa alta y sostenida de crecimiento, reducción del desempleo, altos niveles de escolaridad y la inflación bajo control.
Muy pocos discuten el liderazgo internacional de Lula, que se consolida en el mundo, por su respeto e impulso a la democracia, al desarrollo económico, a la integración regional y al combate por eliminar la pobreza en el mundo.
De su matrimonio ejemplar de 35 años con María Leticia nacen tres hijos, Fabio Luis, Sandro Luis y Luis Claudio.
Ese Lula que mostramos en su entorno familiar y en el escenario democrático, es el presidente de todos los brasileños y el líder mundial reconocido para acabar con la pobreza en el mundo.
Pero vino la muerte del disidente cubano Orlando Zapata, pocas horas antes de la llegada de Luiz Inácio Lula da Silva a La Habana, que dejó la evidencia de debilidades y contradicciones en la política exterior brasileña y de cinismo patético, por parte del gobernante cubano Raúl Castro.
Sabemos, que desde la noche anterior de llegar a La Habana del cónclave regional de Cancún, el gobernante cubano estaba muy molesto por la noticia de la muerte del disidente Zapata Tamayo, que se divulgó por los canales del Internet, ‘Twitter, Facebook y YouTube’, a velocidades inimaginables y que todos los grandes rotativos del mundo, como El País y el Mundo de España, el New York Times, El Universal de Caracas, El Mercurio de Chile, entre otros, colocaban la noticia en sus primeras planas.
Algunos se han preguntado, porque Lula no respondió las peticiones de la disidencia para que intercediera ante el régimen castrista por la vida del preso de conciencia Orlando Zapata Tamayo.
Tal vez incongruencias y prioridades mal ordenadas de la política exterior brasileira. Pero lo peor de todo, inclusive que la risa forzada de Lula, junto al gobernante-dictador Raúl Castro, fue la comparecencia de Lula en su visita posterior a El Salvador, un día después, donde declaró de forma torpe e inoportuna, que la muerte de Zapata Tamayo, no podía achacarse el gobierno cubano, sino a su prolongada huelga de hambre.
¿O es que no sabe el presidente Lula, que la huelga de Zapata Tamayo la provocó una golpiza brutal a principios del mes de diciembre en la prisión de Kilo 8 en Camagüey?.
¿O es que desconoce el presidente Lula, que inclusive cuando la madre del preso muerto, Reyna Tamayo, abrió el féretro para dar a su hijo el beso postrero, se encontró que las espaldas de su hijo estaban todavía llagadas y amoratadas de las golpizas?
Tampoco sabe el presidente Lula, que a Zapata Tamayo, una vez que comenzó su huelga de hambre pidiendo simplemente un trato humano en la prisión, el director de la cárcel lo envió a una celda de castigo sin agua por dieciocho días consecutivos.
Este castigo de más de dos semanas sin agua, ordenado por Raúl Castro, pues en Cuba ningún oficial de bajo ni de alto rango, toma esta medida, de no venir de la jefatura gubernamental, fue el que comenzó a matar la vida de este joven disidente cubano.
No hay derecho que el presidente Lula termine su presidencia en Brasil y su vida pública de defensor de los pobres, de cómplice de un régimen dictatorial, como el de Raúl Castro, responsable directo de la muerte del humilde albañil y oposicionista, Orlando Zapata Tamayo.
Preferimos al Lula limpiabotas y metalúrgico de vocación democrática, que al Lula cómplice de los crímenes de un régimen dictatorial.
Confiemos en una rectificación…


Vicente R. Gutiérrez Santos
01. mar, 2010
A mi juicio, la cuestión está muy clara por dos motivos principales:
1.- Lula da Silva se ha equivocado y torció el camino de la verdad y la realidad. No se dió cuenta del trueque que su compañero de poder, Raúl Castro, ha realizado para aplicar la abstinencia de agua con ausencia total de los Derechos Humanos y que “el preso deconciencia” Orlando Zapata Tamayo expirara bajo la crueldad de la ausencia de tratamiento médico y dejarlo que se marchase al otro mundo para evitar seguir proclamando su elevada línea de conducta.
Las condiciones anti-humanas radicaban bajo un presidio que no le correspondía en las condiciones brutales que el propio Raúl Castro fijó para un cubano que no estaba de acuerdo con el Castrismo desde su época de corta adolescencia. Y el gran fallo es doble, porque Lula ha puesto su cara al reverso de la moneda asesina. Ha perdido mucho valor y ha dañado su labor sindicalista y presidencialista en su país.
Estamos ante un hecho que simboliza una Cruel Excepción. Lula se irá de Brasilia – capital -
con un nudo en su conciencia y deja una herencia de error capital en una situación primordial de “capital humano”. Puede que la palabra “capital” no la ha combinado con un cubano trabajador, de edad 42, que pedía vivir como ser humano en su Cuba natal.
Viva Cuba y Orlando!
2.- Raúl Castro parece que aún siente la falta del “tiro en la nuca” que practicaba en Sierra Maestra haciendo training con Ernesto Guevara, que después aplicó ilegalmente en La Cabaña en los dos primeros meses de 1959. Raúl ha demostrado con su actividad que tiene aún mentalidad de guerrillero sin percatarse que podía haber mostrado “in situ” su ejecutividad como Presidente, sustituyendo a su hermano mayor. Ay Raúl, te mereces viajar en un baúl!
Saludos, Vicente R.